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La Coctelera

EX LIBRIS Tere Marin

PENSAR , CUESTIONAR ,DENUNCIAR Y ORGANIZAR. Free Image Hosting at www.ImageShack.us

Categoría: Pueblos originarios

31 Octubre 2009

WIÑAY PACHA,TIEMPO ETERNO-FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

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Entrevista a Fernando Huanacuni, irpiri de la Comunidad SARIRI

*Wiñay Pacha, Tiempo eterno

El 1º de Noviembre, la celebración que Occidente ha denominado fiesta de Todos los Santos, tiene su origen en las culturas ancestrales. Dentro de nuestra cosmovisión, existe una completa y estrecha relación entre todos los espacios y mundos que conforman el Multiverso, por lo tanto, bajo esta forma de pensar, la “muerte”, no implica aislarse totalmente, y por lo tanto no hay lugar al olvido de nuestros seres queridos. La muerte no es más que una etapa en la continuidad de la vida; la vida continúa en otro espacio (Pacha), no hay una separación absoluta de esta vida con las otras. Para el mundo Andino, el ser humano pasa por este camino y la muerte es sólo una transición de un lado a otro. La vida es eterna.

Este es el tiempo en que por energía natural, por expresión de la Madre Tierra, la naturaleza hace el llamado a todos sus hijos para un ciclo de reconexión. La Pachamama llama a todos los seres que han generado la vida, pero no solo vida a nivel humano, sino también a quienes han generado la vida de los animales, plantas, etc. La naturaleza convoca a los abuelos y abuelas de las hormigas, de las abejas, de las llamas, de los árboles, de las montañas, del ser humano.

Wiñay pacha, es el tiempo exacto donde se abre una puerta que une a las dimensiones: maqhapacha (mundo de adentro), akapacha (este mundo, este plano), alajpacha (mundo de arriba), kawkipacha (mundo desconocido) donde ya no hay pasado ni futuro, todo está aquí, en un mismo plano. Nuestros antepasados, nosotros y los seres que vendrán, todos estamos en un mismo plano, por lo tanto tenemos la posibilidad de reconectarnos con nuestros ancestros, que al final son también nuestros descendientes, en el concepto de la “circularidad de la vida” Entendemos que nosotros somos el puente que un el pasado con el futuro y en este tiempo de Wiñay Pacha, todos debemos acudir al llamado del reencuentro.

Para poder recibir la k´amasa (fuerza, energía espiritual), ch´ama (fuerza, energía externa), el jach’a ajayu (energía colectiva) y el jiska ajayu (energía del linaje consanguíneo), nosotros debemos reconciliarnos, pues toda ofensa hecha a solo uno de nuestros ancestros, es una ofensa a todos nuestros ancestros, y el perdón o las disculpas a uno de nuestros ancestros, es también una disculpa a todos los ancestros.

Antes del 1 y 2 de Noviembre, invitamos a la reconciliación con nuestros ancestros, y al equilibrarnos nos devolvemos la capacidad eterna que ahora debe ser reestablecida. Las personas que nos rodean son como nuestros mediadores entre nosotros y los seres que ya partieron. De esta manera, para poder equilibrar situaciones no resueltas con ellos, para ofrecer una disculpa y también disculpar, acudimos a una práctica antigua llamada “pocachaña” que significa “completar”. Se trata de pedir a nuestros seres queridos, a nuestra comunidad o a un amigo que nos los “complete”, que nos ayude a reestablecer el equilibrio con nuestros antepasados, puesto que en muchas ocasiones, quedan situaciones irresueltas cuando alguien pasa a otra vida, quedan cosas pendientes. En aymara se le dice “pocacharaparita”, completámelo. Entonces la persona habla con nuestro ancestro y cuando termina el diálogo nos responde “pocataw”, es decir, “ya está completo, ya esta equlibrado”.

¿Como celebramos esta fiesta?

Días antes del 1 y 2 de noviembre, todas las familias preparan panes, tantawawas, (figuras de personas diseñadas en pan) galletas, compran frutas; especialmente piña y caña, para preparar “la mesa” o el altar de los ancestros.

El 1º de Noviembre, recibimos al medio día (chika uru) a los ancestros. La familia se reúne alrededor del altar para esta ceremonia encendiendo una vela. En las comunidades, las personas recuerdan a sus seres queridos y ancestros generación tras generación, a través de canciones y oraciones. El altar de los ancestros o “la mesa”, es ubicada hacia el sur. El 2 de Noviembre, ya despedimos a los ancestros que nos visitaron.

La importancia de esta fiesta en tiempos de Pachakuti

En los tiempos de pachakuti , no podemos caminar solos. Debemos caminar acompañados de la fuerza ancestral, de nuestros abuelos y abuelas, con los ancestros y con los que van a venir. Todos juntos vamos a reordenar la vida en este emerger de la “cultura de la vida”. Es un mensaje de esperanza para la humanidad. Wiñay Pacha es devolvernos la eternidad en nosotros, y la eternidad en nosotros significa tener conciencia plena de la vida, ser “willka”, ser concientes.

La madre tierra, el cosmos, la galaxia están cambiando. El multiverso esta cambiando y este cambio es sin retorno, en ese contexto invitamos todos los hermanos y hermanas primero, a la reconciliación con nuestros ancestros y a despertar en nuestra capacidad y naturaleza eterna que es la conciencia. La conciencia es el equilibrio con todas las formas de existencia y armonía con los ciclos de la Madre Tierra y el cosmos.

Jallalla

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26 Octubre 2009

Gitanas, formadas, trabajadoras e independientes

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PROVINCIA ALICANTE

Las mujeres gitanas reunidas esta semana en el Congreso Nacional en Alicante rompen con el prejuicio étnico

Cuatro gitanas, formadas, trabajadoras e independientes, rompen con su ejemplo los prejuicios hacia su etnia en un congreso en Alicante

Sobre los gitanos y, en concreto, las mujeres de etnia gitana, existen cientos de mitos y prejuicios. Al pensar en ellas como colectivo, muchos las imaginan sin ir a la escuela, casadas a temprana edad, rodeadas de hijos y sin trabajar fuera de casa. Sin embargo, las cosas hace tiempo que empezaron a cambiar, aunque la sociedad no siempre se dé cuenta.
Un vivo ejemplo de ello son las vidas de Carmen Santiago, Soraya Giménez, Amara Montoya y Alexandrina da Fonseca, cuatro mujeres orgullosas de pertenecer a la etnia gitana y de ser, además, independientes. Ellas son un ejemplo para muchas otras compañeras y amigas y han sido el estandarte del primer Congreso Nacional de Mujeres Gitanas, celebrado esta semana en Alicante.
Cuando Carmen empezó la carrera de Derecho, a mediados de los años 80, no había ninguna compañera de su etnia ni en su facultad, en Salamanca, ni en ninguna otra de España. De hecho, recuerda orgullosa, «fui la primera gitana licenciada en Derecho».
Los responsables de ello fueron sus padres, que ya en aquellos años «entendían que yo y mis tres hermanos debíamos estudiar para evolucionar y labrarnos un futuro», dice. Por eso, siente sinceramente que a ellos les debe todo y confía en que su familia sea el ejemplo para otras muchas.
«Algunos gitanos no ven bien la revolución que hemos iniciado las mujeres, les cuesta aceptar el cambio porque creen que por estudiar y ser independientes vamos a dejar de ser gitanas, pero se equivocan», indica. Ella está casada con un payo, y reconoce que hubiera sido difícil encontrar a un gitano aceptase su independencia.
Soraya tampoco lo ha encontrado. De momento, está soltera, y vive sola en un piso de Madrid, adonde se trasladó hace dos años desde Zaragoza tras realizar un curso de Liderazgo en política. «Rompí muchos esquemas y, en estos momentos, probablemente soy de las únicas gitanas que viven solas en otra ciudad», señala. El apoyo de su familia fue, como para las demás, fundamental.
Ahora estudia Administración y Dirección de Empresas, trabaja para el Instituto de Cultura Gitana y es miembro del PSOE. Respecto a la evolución de las gitanas en los últimos años, resume: «Nosotras hemos dado siete pasos y los gitanos dos, por lo que a veces cuando miramos a nuestro alrededor, no los vemos a nuestro lado, pero tendrán que adaptarse, porque no hay marcha atrás».
Los padres de Amara trabajaban en la venta ambulante de antigüedades. Tuvieron seis hijas, «una familia de hembras», dice, y, señala, «tenían claro que querían que tuviésemos una vida más fácil que la suya, nos invitaron a ser independientes y a estudiar»
Ella interiorizó esta filosofía y luchó por labrarse un futuro como educadora social, que ahora le permite trabajar para el Instituto de Cultura Gitana. Su marido también es gitano, como ella, y nunca le ha puesto impedimentos: «Nos admiramos mutuamente y nos respetamos, nos alegramos de los logros individuales del otro», apunta. Sus cuatro hijos, tres varones y una mujer, «colaboran en casa por igual, y les hemos inculcado la importancia del estudio y de la libertad para que se dediquen a lo que más les atraiga». Por su parte, Alexandrina también mamó la lucha por la libertad y los derechos de los gitanos desde la cuna. «Mis padres asesoraban a otros gitanos, les ayudaban a arreglar sus papeles», indica.
Ella entró en el mundo asociativo alicantino hace más de 20 años, y ha dedicado su vida a dar ejemplo y a apoyar a otras mujeres de su etnia para que luchen por sus derechos, desde la Federación de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana y desde múltiples asociaciones.
«Desde que empecé en esto, hace 20 años, han cambiado muchas cosas para las mujeres gitanas, afortunadamente, pero han de cambiar muchas más», dice.
Cada acto que organizan las asociaciones, como el congreso celebrado esta semana en Alicante, asegura, «atrae a cientos de mujeres, que tienen la voluntad férrea de avanzar». «Los hombres van acostumbrándose y tendrán que hacerlo porque a nosotras ya no se nos puede parar», sentencia.

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11 Septiembre 2009

TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO.

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Gracias a M.C.A.M. POR EL ENVIO.

Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID,

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He
sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio
Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg.
Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta
arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra
piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul,
para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del
desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la
amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece...
"¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba
una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de
infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor
lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y
carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi
abuelo, y mi padre.... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era
muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho.. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te
enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte
por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a
donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme
valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una
enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con
llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. .. ¡En el desierto sólo se corre si viene una
tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto
hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi
vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las
fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos
enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí!
Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba
quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora
me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y
a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y
me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de
leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar
descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada
estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la
tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida
quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí,
prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere
adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha
llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se
recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en
silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón
se acompasan al pot-pot del hervor....
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

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6 Agosto 2009

Puno: Mujeres y pueblos indígenas proponen modelo para el "buen vivir"

La vida ha sido la principal reivindicación de la I Cumbre Continental de Mujeres Indígenas del Abya Yala, que congregó a más de dos mil quinientas mujeres en la Universidad Andina de Puno, Perú. Por eso, la defensa de la Madre Tierra Pachamama fue la evocación de las voces que se reunieron para plantear la urgencia de un nuevo modelo de desarrollo llamado “buen vivir” que contraponga los valores de las naciones indígenas a la destrucción que viene dejando el capitalismo en el mundo.
La devastación de las transnacionales
“Siendo las mujeres portadoras, trasmisoras de la identidad, generadoras y criadoras de la vida, ejes de las familias y la sociedad en complementariedad con los varones, unimos nuestros vientres al vientre de la Madre Tierra para parir los nuevos tiempos, en la que en diversos países de Latinoamérica millones de empobrecidos por el sistema neoliberal levantan su voz para decir BASTA a la opresión, explotación y saqueo de nuestras riquezas, por lo que nos unimos a las luchas libertarias que han sido desplegadas a lo largo y ancho de nuestro continente”, reza el manifiesto de la Cumbre.
Desde las comunidades y ciudades del continente, las mujeres diagnosticaron la devastación de la vida a través de la acción de las transnacionales en la minería, los hidrocarburos, el agua, los bosques y el uso de transgénicos, en muchos países con la complicidad de los gobiernos. Es el caso de la concesión de extensiones de la Amazonia que el presidente peruano Allan García pretende realizar con la aprobación de varios decretos -a título de privatización- y por lo cual esta región viene liderizando una huelga desde hace más de 50 días, a partir de las organizaciones sociales.
Las mujeres del continente
Ante el alerta que las mujeres lanzaron en las comisiones y las plenarias de la I Cumbre, decidieron “constituir la Coordinadora Continental de las Mujeres Indígenas de Abya Yala, para defender la Madre Tierra; fortalecer nuestras organizaciones, impulsar propuestas de formación política y generar espacios de intercambio de experiencias en distintos ámbitos, económico, político, social, cultural, entre otros”.
Con esta resolución, las mujeres y sus organizaciones harán seguimiento al cumplimiento de sus acuerdos que puntualizan: la demanda a los Estados que declare inembargables, inalienables e inajenables tierras y territorios, exigiendo la titulación. Además, respaldan la instauración del Tribunal de Justicia Climática para exigir a los países desarrollados y a las empresas transnacionales reparar y no dañar la biodiversidad. Asimismo, rechazan los biocombustibles porque empobrecen la tierra y ponen en riesgo la soberanía alimentaria y exigen la despenalización del cultivo de la hoja de coca.
En cuanto a la agresión que padecen los pueblos indígenas en varios países, las mujeres demandan que cese el genocidio y el etnocidio perpetrados por militares, paramilitares y otros actores que violan los derechos colectivos. “No queremos más viudas, más huérfanos. Luchamos por la paz, por la vida y por la dignidad del mundo”.LEE TODO

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28 Julio 2009

Paulina Arpasi , chola campesina y CONGRESISTA.

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Paulina Arpasi, congresista electa por el departamento de Puno, se ha convertido en todo un símbolo para las mujeres peruanas, no sólo por ser mujer y haber sido elegida con la más alta votación por el departamento de Puno, sino por ser la primera chola campesina que llega a tan importante esfera de decisión. A partir de Julio del 2001, el Congreso Peruano verá llegar por fin, luego de cinco siglos de poder ajeno, a una genuina representante de  aquel imperio organizado que edificaron los Pre Incas e Incas durante 2500 años y que, en poco tiempo, fue desmembrado y los dueños naturales de estas tierras esclavizados.
PAULINA MUJER
La mujer peruana constituye el 51% de la población, la que participa activamente, en un 47,7% a la economía del país. Sin embargo, 15 de cada 100 mujeres son analfabetas y, del total de mujeres embarazadas, sólo el 49% recibe atención médica. Paulina Arpasi, nacida en el pueblito de Collacachi, coterránea de aquella mítica pareja - Manco Cápac y Mama Ocllo- que un buen día emergió de las espumas del Lago Titicaca para dar conocimientos a 
los hombres y mujeres de estas tierras, ha podido superar todas estas estadísticas y enfrentarse a los retos de la lejanía, de la discriminación y de la falta de oportunidad.
Paulina estudió primaria en la Escuela 71505 y Secundaria en los colegios Daniel Alcides Carrión y Villa del Lago, e hizo estudios superiores en el Tecnológico José A. Encinas. En todas las instancias demostró su espíritu de superación y su capacidad de convocatoria, así lo aseveran sus compañeras de aula; pero donde dio rienda suelta a sus aptitudes de liderazgo, fue en la alta dirigencia de la Confederación Campesina del Perú, como ella misma 
asegura: "Pero mi mejor universidad ha sido sin duda la CCP". A sus 36 años, Paulina confiesa no haberse casado todavía, aunque convive con su pareja muy al estilo andino. Ella optó reservar su maternidad, como mujer de este tiempo, ante las múltiples ocupaciones que le acarrea su situación de dirigenta.  Con su figura robusta, sus polleras de vivos colores y su sombrero puneño; su mirada transparente que deja entrever su alma inocente;  su hablar directo, que algunas veces es un español fluido y otras, cuando se molesta, un quechua ágil que logra frenar las preguntas de periodistas indiscretos. Paulina se aviene a revertir la creencia de que las cholas son feas, sucias, torpes y que, para no ser despreciadas, deben cambiar de apariencia. Ante la insinuación que al asistir al Congreso tendrá que quitarse las polleras, ha respondido: "No sé por qué todos me preguntan eso. Me parece que es una ofensa para mí. Si saben que así ando, es innecesario que me lo pregunten. Esta es mi identidad. Y se sobreentiende que no la voy a dejar."
PAULINA CHOLA
Chola, es la mujer peruana de raza mestiza proveniente, en mayor porcentaje, de los antepasados indios y, en menor porcentaje, producto del abuso sexual del conquistador español. Hay que puntualizar que resulta una falacia decir que el Perú es una heterogeneidad de razas, el 95% de los habitantes de estas tierras son mestizos, es decir somos cholos y chola. Irónicamente, a esta gran mayoría de peruanos, un corpúsculo humano que enarbola con ofensivo orgullo no ser autóctono, se atreve a relegar los derechos de esta mayoría, y hasta a despreciar su identidad y manifestaciones. Si la Colonia destrozó la dignidad del Imperio Incaico con toda clase de ignominias; la Independencia
honor al indio y a sus descendientes; sólo fue un traspaso del control, de los conquistadores a sus herederos. Los mestizos, sucesión directa de los legítimos amos y señores, pasaron a ser sólo ciudadanos de tercera categoría. Paulina llegó a Lima, la ciudad virreinal, haciéndonos rememorar los cinco siglos de opresión que han venido viviendo sus ancestros, y dio un claro mensaje: "Yo tengo el mismo derecho que esas señoras, merezco la misma oportunidad. Yo soy peruana. Y ellas también son peruanas. No hay diferencia." Esta chola natural, auténtica y coherente ha logrado ocupar las primeras páginas de periódicos y revistas, y ser figura central en noticieros y reportajes televisivos. A todo esto ha dicho: "Me tratan como si fuese de otro mundo. Han ido hasta Puno para preguntarme qué hago qué, como,còmo vivo cómo me visto.Yo espero que la prensa me siga los pròximos cinco años, No me van a hacer mi fama y despues hacerme caer," Paulina ha dado un primer paso para recuperar lo que por derecho le pertenece, ella es conciente de su responsabilidad y así lo expresa: 
"Yo voy a reivindicar a las cholas. Y el 2006, habrán muchas cholas más (en puestos de poder) de Huancavelica, Cusco, Cajamarca. Te lo aseguro."
PAULINA CONGRESISTA
Desde que Mariátegui analizó la realidad peruana, han sido muchos los estudiosos interesados en escudriñar el freno que ataja el desarrollo integral del país. Mariátegui habló de "la lucha de clases" y Haya de la Torre sembró la idea de la marginación de los cholos del poder. Sin embargo, los políticos hicieron caso omiso, no les convenía darse por enterados; y así siguieron gobernando, unos más que otros, con direcciones equivocadas y grandes desaciertos. Hasta que asumió el poder Fujimori, un japonés, y es allí cuando hemos abierto los ojos ante tamaña afrenta, dándonos cuenta de nuestra gran equivocación: ¿Por qué, durante décadas, nos hemos dejado gobernar por personajes no representativos de la población peruana? ¿Por qué desestimamos que un cholo asuma el poder?  ¿Por què?nos negamos, nosotros mismos, el derecho a dirigir nuestro destino, si somos una mayoría casi absoluta? Paulina, como dijimos, constituye todo un símbolo. Es el inicio de lo que debe ser: La restitución de la dignidad peruana y, con ella, el reconocimiento de nuestra identidad. Paulina es la representación  de la peruana de ancestros; la que llegada al poder, cuidará con 
amor la tierra de sus antepasados; la que será celosa guardiana de su historia; la que sentirá en sí misma las necesidades de su pueblo. Con la Arpasi, no hay temor de que se alíe a poderes ocultos para saquear a su Perú; No se llevará nada afuera porque tiene profundas raíces aquí; No apoyará a recortar aún más sus tierras fronterizas, las que a fuerza de porras y flechas fueron anexadas al Incanato; No tomará como asesor a un traidor a la Patria, porque sus genes autóctonos, su alma moldeada en la mamapacha, están llenos de amor a la tierra madre. Sin embargo sobre ella pesa una enorme responsabilidad de la cual es consciente, así le dio a saber al periodista Jorge Páucar cuando éste le preguntó: ¿Cómo se siente de ser la primera mujer campesina en llegar al Congreso? A lo que Paulina contestó presta: "Ayyy 
señor, yo no siento nada. El que siente es mi pueblo. Ellos se  sienten ganadores. No estoy muy contenta porque sé que el trabajo no es fácil. Estoy un poco preocupada." Pero Paulina no está sola, las mujeres organizadas han apostado por ella, es la abanderada de su partido y su pueblo masivamente la respalda. Sabemos que su compromiso es contribuir a humanizar el poder, luchar contra cualquier clase de discriminación, en un ejercicio real de la democracia. Desde aquí, los mejores deseos para nuestra congresista.

Testo originale tratto da:  www.somosmujeresperu.com che si ringrazia per la collaborazione


www.peruanita.it

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26 Julio 2009

Discriminación contra las mujeres gitanas en el Estado español

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Blas López-Angulo

16 / 06 /2005

El Centro Europeo para los Derechos de los Roma, en adelante ERRC, presentó el año pasado un informe (en inglés, del que no hay traducción al español) al Comité para la eliminación de la discriminación contra las mujeres de Naciones Unidas sobre la situación de las mujeres gitanas en España. El documento de 26 hojas analiza vulneraciones en materias de derecho civil y penal, educación, empleo, salud, participación política y otras también importantes, por lo que formula 18 Recomendaciones al gobierno de España que reflejan claramente la necesidad de políticas más efectivas para evitar la discriminación de las mujeres gitanas.

ANÁLISIS DETALLADO

La necesidad de desagregar los datos por razón de sexo y etnia

Antes de estudiar los artículos objeto del trabajo, el informe recuerda que en los anteriores sobre España se observó "la falta de datos e información sobre la situación de otros grupos especialmente vulnerables como las mujeres". La respuesta negativa del gobierno español a "cuantificar la población gitana" se debe a la protección de sus miembros conforme al artículo 18.4 de la Constitución que restringe el uso y procesamiento de datos personales y familiares para garantizar su privacidad. Pero, recogiendo una interpretación del Parlamento y Consejo europeos no debe prohibirse todo registro de datos, sino solo aquellos "subjetivos" susceptibles de identificar directa o indirectamente a personas concretas.

La ausencia de datos desagregados por sexo y etnia dificulta que se conozca el grado de acceso de las mujeres gitanas a servicios tales como la educación, empleo, vivienda, salud y participación política. De hecho, el segundo Plan de inclusión social de España (2003-2005) reconoce la importancia de "recoger información actualizada de la población gitana a través de informes e investigaciones, para evaluar el impacto de las correspondientes políticas sociales".

Discriminación en la justicia penal

Aunque la Constitución de 1978 proclamó la igualdad de todos los españoles sin discriminación alguna, derogando la ley de Peligrosidad Social o la famosa "cartilla" de la Guardia Civil que prevenía de la proclividad criminal de los gitanos, las mujeres gitanas aún sufren muy gravemente estos arraigados prejuicios. El Proyecto Barañí (mujeres presas en caló) denunció hace unos años la sobre-representación de la mujer gitana en las prisiones españolas (25 % de las presas españolas, cuando apenas alcanzan el 1,5% de la población).

Ante órdenes de arresto son más perseguidas por los cuerpos policiales y severamente encarceladas, sin apenas recibir alternativas a la prisión, con efectos muy negativos para sus hijos y familias.

Violencia contra mujeres gitanas

Es un tema tabú entre las mujeres gitanas que son reacias en muchos casos a hablar sobre ello a los investigadores sociales. O, incluso, pueden llegar a admitir la violencia de sus yernos sobre sus hijas. Los estereotipos de "hombre gitano violento" y de comunidad "proclive al delito" tienen un serio impacto en los modos en que la mujer gitana relaciona la violencia doméstica. Ella raramente recurre a las medidas propuestas para luchar contra la violencia de género, dado que no confía en las instituciones de una sociedad en que los prejuicios raciales como los señalados están muy extendidos. Estamos -concluye el informe- ante un claro ejemplo de interseccionalidad: se demuestra que el género en combinación con estereotipos raciales crea un tipo de barrera para la mujer gitana víctimas de violencia doméstica, al ser privada de un recurso para defender sus derechos.

Participación de la mujer gitana

Pocas mujeres romanies ocupan cargos de responsabilidad. Habría que avanzar bastante en la promoción de su participación política. En este sentido, los partidos políticos apenas incluyen candidatas gitanas en sus listas. Las asociaciones de mujeres gitanas son un fenómeno reciente y muchas de ellas no tienen recursos para movilizar a sus congéneres.

Educación

La discriminación en el sistema educativo es una realidad para muchos niños gitanos. Con harta frecuencia se suceden episodios de vehemente oposición a su admisión en las escuelas por parte de los padres no gitanos en España. También es muy inquietante la tendencia a su segregación en colegios públicos. A este respecto, debería evitarse que los programas de educación compensatoria produzcan ese mismo efecto. En cuanto a las niñas gitanas, abandonan los estudios en una proporción muy alta al concluir el ciclo elemental (el 90% y el 70% los niños) debido a valores patriarcales que priorizan el "honor", dada su condición de hembras, y sufren un mayor control familiar al entrar en la adolescencia.

Empleo

Los gitanos en España están empleados en la economía informal: vendedores ambulantes, recogedores de basura, temporeros, trabajos domésticos, etc. Las mujeres gitanas, según todas las investigaciones, tienen una tasa mayor de desempleo (65% de su población activa frente al 33% de los varones gitanos) y sufren un elevado nivel de prejuicios por parte de los empleadores, de sus compañeros de trabajo y de los clientes, cuando no abierta hostilidad y rechazo. Muchas veces prefieren hacerse pasar por latinoamericanas. Desgraciadamente, un informe del Parlamento español (año 1999) focaliza el problema en la "falta de formación laboral", en la "falta de ejemplos y modelos familiares" y en la de "ciertos hábitos culturales que tienen un efecto negativo en el acceso al empleo"; ignorando el importante factor de la discriminación en el empleo. Lo que ayuda a crear una dinámica bien conocida de culpar a la víctima. La ausencia de los gitanos en el mercado de trabajo es interpretado como la prueba de que "ellos no quieren trabajar" y de "que no quieren integrarse", que, por lo demás, son los estereotipos más dañinos y manidos.

Salud

Un 80% vive en infraviviendas (en poblados, chabolas o casas prefabricadas) en España. Estas pobres condiciones de vida de los gitanos tienen un grave impacto en su salud. Desgraciadamente, el personal médico a veces las trata como "características culturales". Según la Fundación Secretariado Gitano, de 120.000 a 180.000 gitanos carecen de asistencia sanitaria suficiente. La esperanza de vida de una mujer gitana es mucho menor que la del resto de la población (al menos, 10 años), pues aún enfermas cargan con el cuidado de sus numerosas familias; y la mortalidad infantil es más alta entre las niñas que los niños. Se quejan de la hostilidad y tendencia a la segregación en los hospitales.

Falta de reconocimiento del matrimonio gitano en España

El artículo 16 de la Convención requiere a los Estados parte a "tomar todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra las mujeres en las materias relacionadas con el matrimonio y las relaciones familiares". El Código Civil no reconoce efectos jurídicos a la boda gitana. Esta falta de reconocimiento la sufren particularmente las mujeres gitanas, que han visto bastantes veces denegadas por los tribunales las pensiones de viudedad demandadas, a pesar de estar casadas conforme al tradicional rito gitano. Desde junio del 2004 está pendiente del Tribunal Constitucional uno de esos casos.

Por último, el informe alude a la situación de las inmigrantes romanies en España, recordando que el Comité recomendó al gobierno español dar pasos que alivien la situación de vulnerabilidad de las mujeres inmigrantes. En los últimos años ha tenido lugar un flujo permanente de inmigrantes romanies provenientes del Este de Europa (Rumanía, sobre todo), pero no hay constancia de cifras precisas pues carecen de los permisos legales y viven en asentamientos irregulares fuera de los núcleos urbanos. Las inmigrantes gitanas con menos alternativas de empleo que los hombres se ven forzadas a pedir en las calles. Y son pocos los inmigrantes roma que reciben alguna ayuda o asistencia.

Estas son algunas de las recomendaciones del ERRC al gobierno de España:

- Reconocer oficialmente a los Gitanos como minoría étnica.

- Fomentar y proveer incentivos para la inclusión de la mujer gitana en la administración local y nacional, en los cuerpos policiales y judiciales. Remediar su escasa representación en las instituciones públicas.

- Concebir programas de rehabilitación para las mujeres presas que han cumplido su condena; así como para su plena reintegración social.

- Requerir al Instituto de la Mujer el desarrollo de programas dirigidos a facilitar el acceso de las mujeres y jóvenes gitanas a la salud, educación, empleo y participación política; y también crear servicios para combatir la violencia contra ellas.

- Tratar como prioridad básica la desproporcionada ratio de alto abandono escolar entre las niñas gitanas. Evitar su segregación en las escuelas públicas y garantizar su pleno acceso a la educación.

- Proveer la formación específica del profesorado sobre minorías culturales en España y las obligaciones de no discriminación.

- Investigar los niveles de desempleo entre las mujeres gitanas y desarrollar las iniciativas conducentes a romper las causas de su limitado acceso al empleo.

- En los más altos niveles, afrontar el problema del sentimiento anti-gitano, que, en especial, afecta a la capacidad de las mujeres gitanas para ejercer sus derechos.

Texto extraído de Rebelión

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10 Julio 2009

Comunidades Indigenas de Chile.

-En esta edición les ofrecemos información de vital importancia para las comunidades indígenas referidas a sus derechos y atropellos de los mismos por parte del Estado, referentess al Convenio 169 y a la "Reforma Constitucional sobre Reconocimiento de los Pueblos Originarios" en Chile.
-Información local de las comunidades de Weketrumaoy Apeche. En el bloque de salud williche la lawentuchefe ofrece remedios para los malestares de la mujer.

En esta edición les informaremos sobre el acontecer de las comunidades, y de la reunión mantenida con el coordinador del Plan de Desarrollo Integral de Chiloé (PLADICH) y con el coordinador del Co...nsejo Provincial de Monumentos Nacionales. Como va siendo habitual, repasaremos el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. En esta ocasión continuamos en el apartado encargado de resguardar las tierras y territorios indígenas. En nuestro bloque KUME MOÑEN NUCHAM EIMUN, “conversemos de salud” les informaremos de las diversas actividades llevadas a cabo por el equipo de salud williche del Consejo de Caciques. Y como siempre, los consejos de la lawentuchefe, la lamien Rosa Carimoney.

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http://www.facebook.com/ext/share.php?sid=213286795181&h=rnAk5&u=pvQ2E&ref=nf

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5 Julio 2009

La noche boca arriba.

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Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos; le llamaban la guerra florida. A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe. Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en la piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio. La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. "Natural", dijo él. "Como que me la ligué encima..." Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento. Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás. Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían. Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante. -Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo. Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse. Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trozito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose. Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "La calzada", pensó. "Me salí de la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores. Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás. -Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien. Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco. Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno. Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida. Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.(JULIO CORTAZAR)

FUENTE TEXTO

MARCO DE LA HISTORIA:

La realidad:
Época: transcurre en la guerra florida, era costumbre de los aztecas proveer prisioneros para los sacrificios que les hacían a sus dioses, en este cuento el personaje principal es un indio mexicano perseguido por una tribu enemiga, los motecas.
"En esta guerra en vez de matar a sus enemigos en batalla, tenían que capturarlos y llevarlos vivos a su capital, allí los sacerdotes los sacrificaban sobre una de sus pirámides, lo ponían en una piedra "boca arriba" y le quitaban el corazón con un puñal de piedra llamado el "tecpatl. Para los aztecas, la sangre de las victimas sacrificadas era importante por que proveía de energía para que el Sol cruzara el cielo. Así el mundo de los aztecas no llegaría a su fin y tendría la bendición de los dioses."

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