Stéphane Hessel es el escritor de moda en Francia. Su panfleto –en el mejor sentido de la palabra- de 32 páginas Indignez vous! (¡Indignaos! o¡Indígnate!) se publicó a fines de octubre con una tirada de 8.000 ejemplares y lleva vendidos más de 600.000 ejemplares, siendo el libro de no ficción más vendido estas navidades (todavía no hay editada traducción castellana, las citas que se harán en el siguiente resumen son caseras).

El autor escribe desde sus 93 años, confiesa que cerca ya del final, recordando los orígenes de su compromiso político, los años de la Resistencia. Nacido en Berlín en 1917 en el seno de una familia judía que emigró a Francia, tras la victoria nazi de 1940 se unió a la Francia libre de De Gaulle en Londres; de vuelta clandestinamente en 1944 al París ocupado fue detenido por la Gestapo y deportado; pasó entre otros por el campo de concentración de Buchenwald, logró sobrevivir adoptando una identidad falsa, se evadió hasta dos veces y regresó a París. En la posguerra ingresó en la diplomacia y, destinado en las Naciones Unidas, participó en la redacción de la Declaración Universal de Derechos del Hombre de 1948. Posteriormente representó a Francia en diversas organizaciones internacionales, apoyó la independencia de Argelia, se afilió al Partido Socialista, en los últimos años viaja a Gaza para denunciar la guerra. “Siempre me he situado al lado de los disidentes”, afirma.

Invoca los principios establecidos en 1944 por el Consejo Nacional de la Resistencia para la Francia liberada, principios más necesarios que nunca y que hoy han quedado traicionados: “Un programa completo de Seguridad Social, dirigido a asegurar a todos los ciudadanos los medios de existencia en todos los casos en que sean incapaces de obtenerlo por su trabajo; una jubilación que permita a los trabajadores mayores acabar dignamente sus días. Las fuentes de energía, la electricidad, el gas, las minas de hulla, los grandes bancos, nacionalizados. Este programa preconizaba, además, la vuelta a Ia nación de los grandes medios de producción monopolizados, fruto del trabajo común, las fuentes de energía, las riquezas del subsuelo, las compañías de seguros y los grandes bancos; la instauración de una verdadera democracia económica y social, implicando la privación a los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía. El interés general debe primar sobre el interés particular, el reparto justo de la riqueza creada por el mundo del trabajo ha de primar sobre el poder deI dinero. La Resistencia propone una organización racional de la economía que asegure la subordinación de los intereses particulares aI interés general y rechace la dictadura profesional instaurada a imagen de los estados fascistas; el Gobierno provisional de la República toma su relevo”.

Y sigue desgranando Hessel el programa de la Resistencia: “Una verdadera democracia necesita una prensa independiente; la Resistencia lo sabe, Io exige, defendiendo « la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, de los poderes del dinero y de influencias extranjeras». Es eso lo que todavía protegen las ordenanzas sobre prensa desde 1944, y es eso lo que está en peligro hoy. La Resistencia llamaba a « la oportunidad efectiva de todos los niños franceses de gozar de la instrucción más desarrollada», sin discriminación; en cambio, las reformas propuestas en 2008 van contra este proyecto. Jóvenes profesores, cuya acción apoyo, se negaron a aplicarlas y vieron sus salarios recortados como sanción. Se han indignado, han desobedecido, juzgaron esas reformas demasiado alejadas del ideal de la escuela republicana, demasiado al servicio de una sociedad deI dinero que ya no desarrolla lo suficiente el espíritu creativo y crítico. Es toda la base de las conquistas sociales de la Resistencia lo que hoy está en cuestión ”.

Reivindica Hessel la obra realizada a partir de 1945 según el programa del Consejo Nacional de la Resistencia: “Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero, ¿cómo puede faltar hoy el dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando Ia producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, el período en que estaba arruinada Europa? Si no fuera porque el poder deI dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca fue tan grande, insolente, egoísta, con sus servidores introducidos hasta en las más altas esferas del Estado. Los bancos privatizados se muestran sobre todo preocupados por sus dividendos y los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y los más ricos nunca fue tan importante; y la competición por el dinero nunca estuvo tan animada”.

Hessel llama a la indignación, la misma indignación que era la base de la Resistencia: “Nosotros, veteranos del movimiento de resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia libre, llamamos a las jóvenes generaciones a hacer vivir, a transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: ¡tomad el relevo, indignaos! Los responsables políticos, económicos, intelectuales, y el conjunto de la sociedad no deben resignarse ni dejarse impresionar por la actual dictadura internacional de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia”. “Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, tener un motivo de indignación. Es precioso. Cuando algo indigna, como yo me indigné con el nazismo, entonces nos hacemos militantes, fuertes y comprometidos”.

Cuenta Hessel la fuerte influencia que recibió de Sartre, de su mensaje libertario y de su afirmación de que “sois responsables en cuanto individuos”. Compara las dos visiones de la historia que personifica en Hegel y en Benjamín. “Mi optimismo natural, que quiere que todo lo deseable sea posible, me llevaba hacia Hegel. El hegelianismo interpreta el devenir de la historia de Ia humanidad como poseedora de un sentido de la libertad humana progresando etapa a etapa. La historia se hace con choques sucesivos, es la toma de conciencia de sus desafíos. La historia de las sociedades progresa y, al final, eI hombre alcanza su libertad completa, conseguimos el Estado democrático en su forma ideal”. Pero existe otra concepción de Ia historia: “El progreso hecho por la libertad, la competición, la carrera a « siempre más», esto se puede vivir como un huracán destructor. Así es como lo representa un amigo de mi padre, eI hombre que compartió con él la tarea de traducir al alemán En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Es el filósofo alemán Walter Benjamin. Él había obtenido un mensaje pesimista de un cuadro del pintor suizo Paul Klee, el Angelus Novus, donde la figura deI ángel abre los brazos como para contener y rechazar una tempestad que él identifica con el progreso. Pobre Benjamín, se suicidará en septiembre de 1940 para huir del nazismo, el sentido de Ia historia es el camino irresistible de catástrofe en catástrofe”.

Alerta contra la indiferencia; admite que hoy los motivos para la indignación están menos claros que en otro tiempo en un mundo complejo, interdependiente, interconectado, no es fácil saber quién gobierna, quién decide en realidad. “Pero en ese mundo, hay cosas insoportables. Para verlas, hay que mirar bien, hay que buscar. Digo a los jóvenes: buscad un poco, las vais a encontrar. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir: yo no puedo hacer nada, a mí ya me va bien. Comportándoos así perdéis uno de los elementos esenciales que nos hacen humanos: la facultad de indignación y de compromiso que es su consecuencia”.

Identifica dos grandes desafíos: la inmensa brecha entre pobres y ricos que no deja de crecer, y los derechos humanos y la salud del planeta. Recuerda el momento en que se proclamaron los derechos universales del hombre en 1948:

A René Cassin debemos el término de derechos « universales» y no « internacionales» como proponían nuestros amigos anglosajones. Porque ahí se juega la salida de la segunda guerra mundial: emanciparse de las amenazas que el totalitarismo hizo pesar sobre Ia humanidad. Para emanciparse, hay que conseguir que los Estados miembros de Ia ONU se comprometan a respetar estos derechos universales. Es una manera de desbaratar el argumento de la plena soberanía que un Estado puede hacer valer para entregarse a cometer crímenes contra la humanidad sobre su suelo. Fue el caso de Hitler que se consideraba amo supremo autorizado a provocar un genocidio. Esta declaración universal debe mucho a la repulsión universal hacia el nazismo, el fascismo, el totalitarismo y, también, a través de nuestra presencia, al espíritu de la Resistencia ”.

Afirma Hessel que “hoy, mi principal indignación concierne a Palestina, a la franja de Gaza, a Cisjordania. Ese conflicto es la fuente misma de la indignación”. Describe Gaza como “una prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos” y lamentándose afirma que “los judíos puedan perpetrar ellos mismos crímenes de guerra es insoportable; por desgracia la historia da pocos ejemplos de pueblos que desperdician las lecciones de su propia historia”.

Apuesta por la acción no violenta, “el camino que debemos aprender a seguir”: “Estoy convencido que el futuro pertenece a la no violencia, a la conciliación de las diferentes culturas. Es la vía por la que Ia humanidad debe salvar su próxima etapa. Y aquí, refuto a Sartre, no podemos disculpar a los terroristas que lanzan bombas, aunque los podamos comprender. Sartre escribió en 1941: «Reconozco que la violencia bajo cualquier forma que se manifieste es un fracaso. Pero es un fracaso inevitable porque estamos en un universo de violencia. Y si es verdad que el recurso a la violencia mantiene la violencia y arriesga a perpetuarla, en verdad también es el único medio para hacerla cesar». Yo añadiría que la acción sin violencia es un medio más seguro de hacerla cesar. No podemos apoyar a los terroristas, como Sartre hizo en nombre de este principio durante Ia guerra de Argelia, o en el momento deI atentado de los juegos de Munich, en 1972, cometido contra atletas israelíes. No es eficaz y Sartre mismo acabaría por interrogarse al fin de su vida sobre el sentido del terrorismo y por dudar de su razón de ser. Decirse «Ia violencia no es eficaz» es mucho más importante que saber si se debe condenar a los que se entregan a ella. El terrorismo no es eficaz”.

Después de los progresos conseguidos a partir de 1948 (descolonización, fin del apartheid, caída del imperio soviético, caída del muro de Berlín) Hessel considera que los primeros años del siglo XXI son una época de retroceso. Pero no renuncia a la esperanza y finaliza con un llamamiento a la insurrección pacífica:

Con ocasión del sexagésimo aniversario del Programa del Consejo Nacional de la Resistencia decíamos en marzo de 2004 los veteranos de los movimientos de Resistencia y las fuerzas combatientes de la Francia libre (1940-1945), que ciertamente « el nazismo fue vencido gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no desapareció totalmente y nuestra cólera contra la injusticia está siempre intacta».

No, esta amenaza no desapareció totalmente. Llamemos siempre a « una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que proponen como horizonte para nuestra juventud sólo el consumo en masa, el desprecio de los más débiles y de la cultura, Ia amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos».

A quienes harán el siglo XXI les decimos con afecto: CREAR ES RESISTIR, RESISTIR ES CREAR ”.

El éxito de este escrito en Francia probablemente tiene una lectura nacional ya que apela a ciertos resortes sentimentales de la guerra mundial, la Resistencia, la refundación de la república, especialmente eficaces entre la izquierda francesa. Pero cabe una lectura española del texto que conduce a una no menor indignación que la que expresa Hessel.

En España no hubo victoria sobre el fascismo, no triunfó la resistencia al franquismo. Mientras en 1945 en Francia y otros países europeos se implantaba la democracia y se soñaba con esa plena democracia económica y social a la que alude Hessel, aquí quedaban todavía treinta años de dictadura. Pero, de alguna manera, tarde, con muchas concesiones al pasado, con renuncias, también a partir de 1975 llegó el momento de la esperanza. La ocasión de implantar el cumplimiento efectivo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la ocasión de ser también europeos con el sentido de progreso que tenía la expresión en la salida del franquismo, la oportunidad de recuperar las ilusiones truncadas en 1936.

Buena parte de lo que en Francia fue el programa de la Resistencia en España se incorporó a la Constitución de 1978. Aunque hubo cesiones importantes (monarquía parlamentaria, indisoluble unidad de la nación española, papel de las fuerzas armadas, economía de mercado, rigidez de la reforma) el texto constitucional recibe buena parte de la mejor tradición de la posguerra europea. Con lo que ha llovido desde entonces, algunos de sus preceptos suenan incluso a un utópico radicalismo: el art. 1.2: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”; el art. 9.2: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”; el art. 10.2: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”; el art. 31.1: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”; el art. 35.1: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”; el art. 40.1: “Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo”; el art. 41: “Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres”; el art. 45.2: “Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva”; el art. 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”; el art. 50: “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio”; el art. 128: “1. Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. 2. Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica. Mediante Ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio y asimismo acordar la intervención de empresas cuando así lo exigiere el interés general”; el art. 129: “1. La Ley establecerá las formas de participación de los interesados en la Seguridad Social y en la actividad de los organismos públicos cuya función afecte directamente a la calidad de la vida o al bienestar general. 2. Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa y fomentarán, mediante una legislación adecuada, las sociedades cooperativas. También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”; el art. 131: “1. El Estado, mediante Ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución. 2. El Gobierno elaborará los proyectos de planificación, de acuerdo con las previsiones que le sean suministradas por las Comunidades Autónomas y el asesoramiento y colaboración de los sindicatos y otras organizaciones profesionales, empresariales y económicas. A tal fin se constituirá un Consejo, cuya composición y funciones se desarrollarán por Ley”.

¿Qué tienen que ver todos estos preceptos constitucionales con nuestra realidad presente? Probablemente lo mismo que los principios de la Resistencia que añora Hessel con la Francia de Sarkozy. Poco o nada. También nos han estafado política y económicamente. Vivimos la misma dictadura internacional de los mercados financieros; al Gobierno le interesa más la confianza de “los mercados” que la confianza de los ciudadanos; la contención del déficit para asegurar a los acreedores del Estado el pago de la deuda es más importante que el pleno empleo; bajar los impuestos al capital cediendo al chantaje de la deslocalización es más importante que tener un sistema tributario justo y progresivo; asegurar el negocio del sector financiero es prioritario sobre el derecho a la Seguridad Social; garantizar los inflados precios del sector inmobiliario es más importante que el derecho a una vivienda digna; hacer negocios con Marruecos, Israel, Arabia saudí, Rusia, China y otros países tan democráticamente avanzados y paladines de los derechos humanos es realmente prioritario y los más sensato y responsable. Hay que competir en sueldos bajos y en recortes sociales para mantener este sistema en que unos pocos prosperan y arramblan con la riqueza y la mayoría sobrevive, hay que garantizar el crecimiento del PIB aunque sea a costa de un planeta cada vez más depredado.

Hay motivos para indignarse, hay necesidad de indignarse, hay no menos causa para la insurrección pacífica. ¿Tendrá el mismo éxito Stéphane Hessel en España cuando se edite su libro en castellano?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.