Vejez y Género

Por SILVINA PLOSKER
Está en revisión hoy en día: qué queda del patriarcado originario,qué restos, qué marcas deja en la subjetividad de varones y de
mujeres el haberse formado dentro de una cultura patriarcal. No es lo mismo envejecer siendo hombre que siendo mujer.
Desde una perspectiva de género se analizan los factores estructurales (macro) que influyen en las condiciones del envejecer
(pensiones, servicios sociales, etc.) y también los aspectos personales (micro) que hacen que la vivencia de la vejez sea distinta
según sexo (nivel educativo, salud, ingresos, etc.). Bajo esta óptica se profundiza en las causas -históricas y actuales- de las
desigualdades según género que viven las mujeres mayores de hoy; en las consecuencias que estas desigualdades producen; y, también, en las posibles estrategias a seguir para reducir o eliminar los efectos no deseables de tales discriminaciones sociales. Se trata de compensar, al menos, una parte de lo mucho que ellas dieron -y siguen dando muchas de ellas- (trabajo fuera del hogar, labores domésticas,atención a padres, cónyuge, hijos, nietos, etc.).
La vejez es un proceso personal y también social. Solo teniendo en cuenta los procesos de socialización que han vivido los mayores de hoy se puede comprender su realidad vital y social (Hernández Pedreño,1999, p. 127). En sus biografías predominan efectos sociales y culturales que fomentaban la desigualdad según sexo. Algunos de estos factores persisten en la vejez, al tiempo que aparecen otros nuevos, provocando insatisfacción y discriminación social en las mujeres.
La generación actual de mujeres mayores ha desarrollado un curso vital muy marcado por la tradición, por el sometimiento al padre y al marido; en síntesis, por la ausencia de poder (Arber y Ginn, 1996, p.9).La sociedad asignó unas funciones muy distintas según género y esta diferenciación de roles desencadenó, a su vez, una serie de restricciones sociales a las mujeres, cuya peor consecuencia es la infravaloración social (Hernández Pedreño, 2000).
En la historia reciente se ha producido un progresivo acercamiento entre las posiciones de ambos sexos (mejora del nivel educativo, incorporación de la mujer al trabajo, con los cambios asociados a este hecho: mayores ingresos, más relaciones sociales, etc.). Sin embargo, las mujeres mayores forman uno de los grupos sociales donde menos se han reducido las desigualdades respecto a los hombres, tanto por las peculiaridades de estas desigualdades, como por la menor atención prestada a este grupo en los diversos Planes de Igualdad de Oportunidades llevados a cabo por las distintas Administraciones Públicas.
Las desigualdades respecto a los hombres persisten en la vejez por varios motivos: la tradición cultural, los intereses y estilos de vida distintos o las diferencias biológicas. Sin olvidar la influencia que tienen las normas sociales adquiridas en los años de formación sobre las actitudes adoptadas durante el resto del curso vital. Por este motivo, las mujeres mayores de hoy sufren importantes contradicciones, ya que muchas de las funciones que han realizado -y realizan- están socialmente caducas.
Además, el envejecimiento fisiológico es diferente en el caso de las mujeres que en el de los hombres; las mujeres mayores son más propensas a padecer enfermedades crónicas que limitan su movilidad y su capacidad para vivir de forma autónoma.
Paradójicamente, estas mujeres que han cuidado siempre a otras personas (padres, marido, hijos y nietos) ahora no tienen quién las atienda. Son la “última generación cuidadora” y, a su vez, la “primera generación prácticamente excluida del apoyo familiar directo”. Son las consecuencias de los importantes cambios sociales acontecidos en apenas unas décadas.
Es importante averiguar hasta qué punto el envejecimiento supone una posibilidad de liberación de los rígidos y constrictivos roles de género impuestos socialmente, a la vez que una oportunidad de independencia y autonomía para las mujeres, así como la adopción de nuevas formas de relación con los hombres.
En suma, se pretende avanzar en la Sociología de la Vejez, apuntando un enfoque poco desarrollado: la perspectiva del género; cuestión de gran relevancia, habida cuenta de la gran diferencia que supone envejecer siendo hombre o siendo mujer.
Lic. Silvina Plosker
Psicologa/ gerontologa









