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La Coctelera

EX LIBRIS Tere Marin

PENSAR , CUESTIONAR ,DENUNCIAR Y ORGANIZAR. Free Image Hosting at www.ImageShack.us

23 Mayo 2009

Rebatiendo lo que otrOs dicen del lenguaje no sexista [1]


[1] El título lo que otrOs dicen no se refiere ‘únicamente a los hombres (pues también hay mujeres contrarias al lenguaje no sexista), ni tampoco incluye absolutamente a todos los hombres (ya que cada vez más hombres también son conscientes de la discriminación sexista del lenguaje). De este modo, el término otrOs en mayúscula se refiere específicamente a todas las personas que, oponiéndose a un lenguaje no sexista, dificultan el avance hacia la igualdad de género en nuestras sociedades.

Me envian desde el Blog Responsable este texto de Olga Castro Vázquez que por su interés edito en su totalidad. Sirve de respuesta a varios de los comentarios habidos estos dias en nuestro blog de Sexismo Publicitario.

olgacastro[arroba]uvigo.es

Versión original en gallego publicada en O verbo patriarcal (monográfico número 24, en la revista Festa da Palabra Silenciada). Más información:

http://blogs.crtvg.es/mu/diariocultural/2009/02/04/a-festa-debate-sobre-o-verbo-patriarcal/

Le tocó a miembras, pero podría haberle tocado a cualquier otra. Como cada vez que se feminiza una palabra, en los últimos meses disfrutamos de la indeseable e indeseada oportunidad de escuchar los rugidos discrepantes (y casi siempre insultantes) que atacan al lenguaje no sexista. Tanto si se trata de una oposición desde la lingüística tradicional que cuestiona el lenguaje no sexista por supuestamente corromper la gramática, como si consiste en un rechazo basado en meras opiniones inconsistentes que tergiversan de forma malintencionada los objetivos del lenguaje no sexista y difunden falsos mitos aprovechando las influyentes columnas de opinión de los medios de comunicación, estas reacciones esconden profundas concepciones misóginas que consideran el lenguaje no sexista como una verdadera amenaza contra el orden establecido que tanto lOs beneficia.

A estas alturas de la vida, las y los feministas sabemos que estas reacciones carecen de credibilidad. Sin embargo, no podemos obviar que las tergiversaciones con frecuencia consiguen su pernicioso objetivo de confundir a la opinión pública sobre lo que en realidad es y persigue el lenguaje no sexista. Con el propósito de contribuir a despejar estas confusiones, en este artículo repasaré algunas de las falacias y acusaciones más frecuentes contra el lenguaje no sexista, para rebatirlas una a una con los argumentos críticos que nos proporciona la lingüística feminista en sus múltiples caracterizaciones.

 

1. Preocúpense por la discriminación social y déjense de tonterías lingüísticas

Con mucha frecuencia nos han dicho, supuestamente de buena fe, que no derrochemos nuestros esfuerzos en inútiles batallas lingüísticas y que nos ocupemos de luchar contra la desigualdad salarial, la violencia sexista, la negación del derecho al aborto, etc. No obstante, más allá de las estructuras materiales y prácticas, la opresión de las mujeres existe también en las auténticas bases del logos y del razonamiento, y éstas abarcan los sutiles procedimientos lingüísticos y los procesos lógicos a través de los cuales se produce el significado.

Por lo tanto, decir miembras y no miembros no es un asunto trivial. Pensamos con palabras y categorías gramaticales, e imaginamos la realidad a través de la representación cognitiva que hacemos de ella mediante el lenguaje. El famoso principio cartesiano “pienso, luego existo” ganaría sin duda precisión si se formulase, como propuso Wittgenstein, “hablo, luego pienso, luego existo”. Esto lo saben las compañías mediáticas y publicitarias, que calculan escrupulosamente las palabras a utilizar en sus discursos para construir en nuestras mentes una realidad que resulte beneficiosa para sus propósitos, acordes por lo general a los principios hegemónicos

neoliberales. Pero esto que tiene valor axiomático en las escuelas de comunicación y publicidad, pierde inexplicablemente validez cuando se reivindica desde los feminismos. O quizás sí haya una explicación: dado el potencial del lenguaje en la construcción mental de la realidad, el lenguaje no sexista supone toda una amenaza contra el orden social establecido, y por este motivo provoca en ciertos grupos sociales un profundo temor a que los valores feministas derriben esos principios hegemónicos que tanto los benefician, origina un miedo a que se produzca un cambio social que debilite parte de los privilegios que les otorga el lenguaje y la sociedad patriarcal. Y por ello, cuando no logran someter las reivindicaciones feministas al silencio, utilizan la ridiculez como estrategia de deslegitimación. Sólo así se explican definiciones de lenguaje no sexista como “una soplapollez” (Arturo Pérez Reverte en El Semanal XL, 2/4/2000) “una mojigatería, una ridiculez, una cursilería” (Javier Marías en El País Semanal -en adelante EPS- 20/3/1995), “lenguaje feminista coñazo” (Manuel-Luis Casalderrey en La Voz de Galicia, 15/11/1995), o “chorradiñas lingüísticas” (mismo autor en La Voz de Galicia, 3/8/2004).

A pesar de estas burlas y desprecios, emplear un lenguaje libre de sexismo es un asunto central para los feminismos y para cualquier sociedad moderna que promueva la igualdad entre mujeres y hombres, y de ahí que las diferentes leyes de igualdad (autonómicas, estatales o europeas) incorporen epígrafes en los que legislan a favor de su uso. El lenguaje no sexista no busca tan sólo tratar de forma simétrica a mujeres y hombres a nivel lingüístico, sino ganar precisión y exactitud a nivel cognitivo sin excluir ni invisibilizar a ninguno de los sexos. No se trata de cambiar el lenguaje por el simple hecho de hacerlo, ni siquiera por una cuestión estética o de moda, ni se trata tampoco de imponer cambios prescriptivos. Al contrario, de lo que se trata es de cambiar el repertorio de significados que transmiten las lenguas, de transformar el lenguaje para hacer una representación más igualitaria de la realidad que conduzca a una categorización también más igualitaria en los modos de pensamiento, y de promover la reflexión sobre los cambios en la lengua para que las y los hablantes pensemos en lo que decimos y en cómo lo decimos, de modo que así se generen cambios en las perspectivas que, a su vez, tendrán consecuencias materiales en la acción humana y en la realidad. Ya que el lenguaje refleja la realidad, la reforma lingüística constituye un complemento necesario a la reforma social de género para así reflejar en la lengua los cambios que se van produciendo en las sociedades; pero, ya que al mismo tiempo el lenguaje también contribuye a construir nuestra visión de la realidad (pensamos con palabras), la reforma lingüística es una manera importante (por supuesto no la única) de caminar hacia una reforma social que nos lleve a una sociedad en igualdad. Emplear un lenguaje no sexista contribuirá al cambio social hacia una sociedad igualitaria. Y esto provoca que, además de preocuparnos por la violencia sexista o por el derecho al aborto, estas supuestas “tonterías lingüísticas” sí sean fundamentales para la causa feminista y para cualquier sociedad democrática.

2. El lenguaje no sexista es antinatural

El machismo lingüístico reduce el lenguaje no sexista a aquél que llena el texto de arrobas, barras, guiones, paréntesis, palabras inexistentes o dobletes, entorpeciendo el texto y creando un lenguaje antinatural capaz de “violentar la gramática e ir contra el sentido común” (Miguel García-Posada en EPS, 20/3/1995), aunque cabría preguntarse quién fija lo que se entiende por sentido común en una sociedad... En cualquier caso, la idea de que el lenguaje no sexista crea un lenguaje antinatural cala hondo, y acaba provocando que en materiales de referencia como el libro Lengua gallega. Criterios lingüísticos (2003) se afirme que “non debemos abusar dos recursos cos que conta a lingua neste sentido, ou acabaríamos empregando unha linguaxe antinatural e afastada da gramática”. Pero cala tan hondo, que incluso muchas guías para un lenguaje no discriminatorio recomiendan que se prescinda de opciones con barras o arrobas y en su lugar se usen siempre genéricos. Resulta curioso que tanto fastidien las barras para indicar la presencia de mujeres y hombres en la construcción significativa de un enunciado, pero que no molesten cuando se utilizan para indicar ‘y/o’, el plural en frases como ‘según la/s ley/es vigente/s’, etc. Al final va a ser que lo molesto no son las barras, sino las mujeres! También en estas guías suele recomendarse un uso limitado de la grafía @ por resultar impronunciable y no tener una lectura asociada, aunque todavía nadie haya establecido cuál es la pronunciación o la lectura asociada de otras grafías como ( ) o [ ], por ejemplo!

Por otro lado, en realidad nada puede crear un lenguaje antinatural porque el lenguaje no es un ente estático ni ajeno al uso. Así, por definición, nunca puede ser natural. Al contrario, es una construcción humana que refleja determinados valores (con frecuencia, los dominantes), un constructo social y una cuestión de hábito que responde a las necesidades de comunicación de una sociedad, tiempo y lugar determinado. Y por lo tanto, puede cambiar(se). Y (se) cambia.

 

3. Yo, como mujer, no me siento discriminada por el lenguaje

Es frecuente que, para deslegitimar las denuncias contra el sexismo lingüístico, se nos den ejemplos de mujeres que afirman no sentirse en absoluto discriminadas. En época reciente se repitieron hasta la saciedad las declaraciones de Ana María Matute (una de las pocas miembras de la RAE) asegurando que hablar de miembra era “ridículo” (entrevista original publicada en El Cultural, 26/6/2008).

Sin embargo, ver y sentir la discriminación en el lenguaje no es cuestión de sexo, sino de conciencia y consciencia de género. Como ya he mencionado, el lenguaje se ha ido construyendo socialmente desde un punto de vista androcéntrico porque ése era el punto de vista de los grupos de poder, encargados de convertir sus valores culturales e ideológicos en los dominantes, presentando como necesaria y única posible la que no es más que una forma (de entre muchas) de organización social. Justamente al ser dominantes, estos valores se presentan como neutrales, objetivos, ‘normales’ y ‘naturales’ y se van adquiriendo de forma acrítica e inconsciente hasta el punto de que los grupos no dominantes los acepten como correctos y queden alienados y convencidos de que las cosas son así porque siempre han sido así, y que así deberán seguir siendo. La historia nos brinda numerosos ejemplos de esta alienación: la de la comunidad negra cuando durante siglos veía como normal vivir explotada por la blanca; la de las esclavas y esclavos cuando consideraban ley de vida servir a los amos; y también la de las mujeres, durante siglos, cuando no reclamaban su derecho humano a la educación o a un trabajo remunerado porque simplemente no lo consideraban algo ‘propio’ para ellas. Respecto al lenguaje, los grupos de poder presentaron el lenguaje sexista y androcéntrico como el normal y natural, y de este modo tanto hombres como mujeres lo han ido adquiriendo y perpetuando de forma acrítica e inconsciente, hasta dar lugar a lo que el sociólogo Pierre Bourdieu denomina “dominación simbólica”.

 

4. Las feministas confunden sexo y género

Suele decirse también que las y los feministas confundimos todo y no nos enteramos de que el género lingüístico no tiene nada que ver con el sexo. Según la gramática tradicional, el sexo es una categoría biológica sin relación con la categoría lingüística del género gramatical, como demostraría el hecho de que en gallego, catalán o castellano se le otorgue género masculino o femenino no sólo a los ser humanos y vivos, sino también a los objetos inanimados.

Pero esta afirmación exige una importante matización. En realidad, no confundimos sexo y género. Lo que sí sabemos es que los sexos formamos parte de la realidad, y por ese motivo estamos representados en las lenguas a través de diferentes recursos lingüísticos, como por ejemplo el género gramatical (en gallego, catalán, castellano, portugués, etc.) o el género natural (en inglés). Así, en inglés el género es natural porque por lo general sólo se le atribuye a los seres sexuados, mientras que en las otras lenguas mencionadas el género es gramatical porque no sólo se le asigna a los ser sexuados, sino también a todas las palabras y objetos. No obstante, cuando en estos idiomas el género gramatical se refiere a las personas, se basa principalmente en criterios semánticos pues hace referencia al sexo real y refleja la distinción entre mujeres y hombres. Es decir, cuando el referente son personas, sexo y género gramatical convergen, excepto en las muy contadas excepciones de los epicenos (palabras que con un único género gramatical designan a personas de ambos sexos, como ‘la víctima’, ‘el genio’, ‘el ser humano’, ‘el sujeto’, ‘la persona’).

 

5. El masculino es genérico

Partimos de un lenguaje regulado y normativizado en base a los valores sociales y culturales dominantes, es decir, patriarcales y androcéntricos. Con la desaparición del género neutro del latín, los grupos de poder (masculinos, porque las mujeres estaban recluidas en casa) decidieron normalizar el género masculino y proclamarlo el no marcado, el válido para nombrarlos sólo a ellos o a toda la humanidad. En consecuencia, en idiomas como el gallego, catalán, castellano, etc. se usa el masculino para hacer referencia al sexo hombre, a ambos sexos, a un sexo desconocido o incluso al sexo mujer (es muy habitual llamar ‘alumnos’ a las personas de una clase, aún cuando todas son mujeres). El androcentrismo resulta aún más claro en el uso de la voz ‘hombre’ para hacer referencia a la humanidad en su conjunto (como ‘el hombre prehistórico’), que acaba explicando frases del tipo ‘solicite un duplicado para su esposa e hijos’, ‘abono familiar para marido y cónyuge’ o ‘los miembros del Parlamento y sus esposas’. Desde la gramática tradicional se sostiene que tanto ‘hombre’ como el masculino genérico son epicenos: “el género masculino no es suprimible; forma parte del código básico del idioma (...) y responde simplemente al principio de economía” (Miguel García-Posada en El País, 4/7/2008).

No obstante, ni el masculino genérico ni la voz ‘hombre’ funcionan como epicenos por dos razones. En primer lugar, porque de acuerdo con numerosos estudios de la psicolingüística, a nivel cognitivo la representación mental que crea el masculino es eminentemente masculina, invisibilizando a parte de los sujetos a quien dice representar, lo que hace que las mujeres queden excluidas de la representación del mundo. Pero sobre todo, en segundo lugar, porque por definición los epicenos incluyen siempre a personas de ambos sexos, sin ambigüedad, mientras que el masculino genérico o la palabra ‘hombre’ son muy ambiguos, y unas veces incluyen sólo a los hombres y otras veces se debe entender que, supuestamente, incluyen a mujeres y hombres. Al preguntar ‘¿cuántas víctimas sufren ataques racistas?’ no cabe duda de que el cómputo debe incluir a hombres y mujeres (entonces, víctima sí es un epiceno). Pero al preguntar ‘¿cuántos tíos tiene Xaquín?’ no es posible saber si la referencia se restringe a los hombres, a las mujeres o incluye a ambos sexos (entonces, el masculino genérico no funciona como epiceno).

Sin embargo, Álvaro García Meseguer (¿Es sexista la lengua española?, 1994) sostiene que el masculino sí puede funcionar perfectamente como genérico, y que la supuesta ambigüedad se puede resolver perfectamente tanto por el contexto, como marcando el masculino específico con el término varón en expresiones del tipo ‘¿cuántos tíos varones tiene Xaquín?’. Para tratar de demostrarlo, este autor se pregunta quien sería la ingenua de la alumna que no asista a un examen anunciado en el tablón de anuncios en un aviso “convocando a todos los alumnos para el día tal. Si una alumna no se presenta al examen por estimar que el aviso tan sólo concernía sus compañeros varones, ¿cuál sería la reacción del profesor? Sin duda, ella o él suspendería a la alumna por estúpida” (1994: 77). Ahora bien, hay que preguntarse qué reacción debería tener esa misma alumna si en otra esquina del tablón ve un aviso en el que se anuncia “se busca compañero/a de piso”, que es sin duda la fórmula más habitual de indicar en los anuncios que se aceptan tanto a chicas como a chicos; o si unos minutos antes en la cafetería lee anuncios de empleo en los que también se suele indicar de forma explícita cuando se aceptan candidatas/os de ambos sexos. Estos diferentes comportamientos en cuanto a la interpelación de las mujeres en el lenguaje podría llevar a la perversa conclusión de que cuando interesa (incluso económicamente) que no haya lugar a dudas sobre la inclusión de las mujeres, sí se incluyen explícitamente, mientras que cuando no existe una motivación tan directa, la ‘molestia’ de utilizar un lenguaje inclusivo no vale la pena. De esta forma, las mujeres estamos obligadas a desarrollar una doble “identidad sexolingüística”, en palabras de Montserrat Moreno (Cómo se enseña a ser niña en la escuela, 1993), por la cuál desde muy niñas tenemos que aprender a deducir cuando estamos o no incluidas en ese masculino a veces supuestamente genérico.

Dado que el supuesto masculino genérico es una ficción patriarcal, desde los feminismos se propone evitarlo recurriendo a estrategias como la neutralización (busca de términos genéricos y neutros que no marquen el sexo como ‘alumnado’, ‘la fiscalía’, ‘el personal docente’, ‘personas con discapacidad’) o la especificación (especificar el sexo concreto de la persona a la que se haga referencia, incorporando los dos géneros en caso de referirse a personas de ambos sexos, mediante duplicaciones, barras, arrobas, como ‘las niñas y niños’, ‘firma del/a interesada/o’, ‘bienvenid@’). Contra estas estrategias se posicionan también las voces patriarcales, que acaban pidiendo que “los instigadores de tan peregrinas copulaciones (...) dejen de marearnos, de manera tan contumaz como inútil, con torpes apareamientos y otros artificios lingüísticos (...) porque las dobles formas vulneran las normas lingüísticas y no frenan el sexismo” (Joan Busquet en El Periódico, 25/11/2006), lo que sin duda hace que “quienes digan los ciudadanos y ciudadanas son sin excepción farsantes y demagogos de los que nadie se debería fiar” (Javier Marías en EPS, 13/7/2008). Desde el desprecio y la ironía algún autor anuncia que procurará “que el género neutro masculino, a pesar de haber funcionado tranquilamente toda la puta vida, quede abolido a partir de ahora de mi panoplia expresiva” (Arturo Pérez Reverte en El Semanal XL, 2/4/2000). Pero, finalmente, como ninguna de estas opiniones tienen solidez, los alaridos misóginos recurren a denunciar que las estrategias feministas atacan a la inquebrantable y suprema ley de la economía del lenguaje.

 

6. El lenguaje no sexista es contrario a la economía del lenguaje

“Los empleados y las empleadas gallegos y gallegas están descontentos y descontentas por haber sido instados e instadas, e incluso obligados y obligadas, a declararse católicos y católicas”. Éste es un ejemplo de lo que en innumerables ocasiones se nos presenta como lenguaje no sexista en aquellas instancias donde pretenden convencernos de lo absurdo que resulta promover la inclusión lingüística de género, pues de forma clara “para no ser sexistas, se violenta la economía lingüística, pero eso qué más da” (Miguel García-Posada en El País, 23/1/1997). En realidad, esto es sólo una verdad a medias. Lo es desde por lo menos cuatro puntos de vista.

Para comenzar, el objetivo del lenguaje no sexista no consiste en absoluto en crear expresiones de este tipo que invitan a la ridiculez, sino frases que hagan pensar en la representación de mujeres y hombres en la lengua como podrían ser “las empleadas y empleados de Galicia están descontentos porque fueron instados, e incluso obligados, a declararse personas católicas”. No se trata de repetir todas las palabras de la frase con flexión de género, sino de duplicar por lo menos en una ocasión las palabras que aluden a mujeres y hombres para que amb@s estén explícitamente mencionados y sean visibles n la representación mental que hacemos de la realidad. Con frecuencia, suele preferirse que se duplique el grupo nominal de la frase (ya que a nivel cognitivo es el que más poder evocador tiene en crear una imagen mental determinada), pero dependiendo de cada caso puede resultar más apropiado duplicar el artículo (“las y los periodistas”) o el adjetivo (“profesionales cualificadas y cualificados”).

Para ello, es necesario determinar un criterio simétrico que regule el orden de aparición de los elementos, rompiendo con el orden social patriarcal que nos llevaría siempre a colocar el masculino primero. A este respecto, un criterio puede ser, por ejemplo, el alfabético (‘niñas y niños’, ‘niñas/los’, pero ‘autor/a’, ‘autor o autora’). Y resulta asimismo necesario establecer un criterio simétrico para la concordancia. Para ello, una opción puede ser la cercanía con el grupo nominal (‘mañana llegan las niñas y niños indios’, pero ‘mañana llegan el autor y autora india’), pues este criterio ya es el aceptado por la norma académica y frecuentemente utilizado (cuando el referente no son personas) en frases como ‘el hospital tiene techos, puertas y paredes blancas’.

A pesar de esto, en realidad poco importa promover que tanto mujeres como hombres seamos visibles en el lenguaje sin caer en frases absurdas como la del ejemplo, porque si decidimos duplicar únicamente el grupo nominal ya se ocuparán de decir que somos incoherentes: “dicen los trabajadores y trabajadoras, pero lo cierto es que jamás siguen [con la duplicación] como estarían en el deber de hacer” (Javier Marías en EPS, 13/7/2008). Resulta curioso como desde la oposición al lenguaje no sexista se le atribuyen a éste falsos deberes que ningún/a feminista ha reivindicado nunca, para posteriormente poder calificarlo de incoherente por no cumplirlos. Demagogia pura.

En segundo lugar, la economía lingüística no es una regla que esté siempre presente en las lenguas porque, de hecho, el lenguaje sexista es el primero en no seguir el principio de la economía del lenguaje. Son frecuentes enunciados como ‘mujer soldado’, ‘mujeres escritoras’, ‘mujeres panameñas’, o frases como ‘treinta inmigrantes y una mujer llegan a las costas’ o ‘cada vez hay más mujeres ingenieras’, incurriendo así en comportamientos sexistas en algunos contextos por la insistencia innecesaria en el término mujer, que acaba haciendo que la mujer sea, por encima de su profesión o procedencia, un ser sexuado. Como ha apuntado Mercedes Bengoechea, tampoco respeta la economía lingüística, ni es simétrico, utilizar el nombre de pila delante del apellido para referirse a mujeres, cuando ese comportamiento no se produce con los hombres. Esta no economía lingüística queda en evidencia en frases como la extraída del contexto gallego, “Rosalía Mera se reunió con Barreiro”. Si bien es cierto que con el nombre garantizamos la visibilidad de la mujer, no emplearlo también con el masculino (además de muy necesario en casos como éste, en el que no es posible saber si el apellido Barreiro se refiere a Xosé Luís Barreiro Rivas, Xosé Ramón Barreiro Fernández, Xosé Manuel Barreiro o a otro Barreiro cualquiera) puede contribuir en algunos contextos a crear una cercanía con la mujer que relega su relevancia social a segundo plano. Desde luego, resulta cuando menos sospechoso que nadie se pronuncia en contra de esta no economía lingüística en ninguno de estos casos.

Tercero, ya he hablado de que el género lingüístico no es una simple categoría gramatical, sino que cuando el referente son personas, sexo y género lingüístico convergen de forma que éste último adquiere valor semántico (excepto en las muy contadas excepciones de los epicenos). Sin embargo, muchas de las personas ‘fieles’ a la Academia de la lengua que acusan al lenguaje no sexista de ser contrario a la economía del lenguaje, también insisten en que el género no tiene sentido específico y que pertenece a las obligaciones estructurales del lenguaje. Caen así en una evidente paradoja, porque si el género lingüístico es sólo una cuestión gramatical que no proporciona ningún significado, su propia existencia iría en contra de la economía del lenguaje.

Y por último, como ha apuntado María Jesús Fariña (O reto da igualdade, 2007), el argumento de la economía en sí mismo resulta muy cuestionado en otros ámbitos, ya que tal criterio podría servir para justificar la eliminación de las lenguas en favor de una sola (pero ya sabemos que en este caso se defiende la variedad como forma de riqueza y de valor de una comunidad).

 

7. Tendremos que acabar diciendo “el sapo y la sapa”...

Desde las instancias normativas de la lengua incluso se nos dice que según “estas plastas tendríamos que hablar siempre de la jirafa y el jirafo, la cebra y el cebro... Desean hacer de la lengua algo odioso, inservible y soporífero” (Javier Marías en EPS, 13/7/2008).

Están en lo erróneo. Lo que sucede es que las y los feministas no consideramos que decir ‘sapo’ sea sexista, y por ese motivo nunca reivindicamos decir ‘sapa’ para referirnos al sapo hembra, ni ‘hormigo’ para referirnos a la hormiga macho. Entendemos que los nombres de animales sí son epicenos –el ratón, el pez, el ciervo, la jirafa, la rata, el pájaro, la hormiga, el mosquito, la rana– y no resultan discriminatorios porque los animales no piensan con nuestras palabras, es decir, nuestro lenguaje no es un organizador cognitivo de sus acciones y de este modo no está relacionado con su discriminación social por razón de sexo. Simplemente existe masculino y femenino para aquellas especies que nos resultan muy próximas a las personas, y cuyo sexo sí nos es relevante: no es lo mismo tener una vaca que un buey o un toro, ni es lo mismo tener un perro que una perra. Queda claro pues que estos argumentos rozan lo absurdo, a pesar del empeño de algunos por seguir colando ridiculeces que buscan la complicidad social para burlar y distorsionar el verdadero sentido del lenguaje no sexista.

 

8. El lenguaje no sexista inventa palabras y suena fatal

Se acusa al lenguaje no sexista de inventar y prescribir palabras en femenino, pues quizás debido a esa envidia fálica freudiana “se necesitan vocablos nuevos para designar a esas mujeres que sólo alcanzarán la felicidad satisfecha de los lacayos cuando sienten que les crece una miembra virila entre las piernas” (José Manuel de Prada en ABC, 3/2/2007).

Esto es falso. El lenguaje no sexista no inventa palabras, sino que otorga expresión lingüística a aquellas experiencias o puntos de vista de las mujeres que carecían de materialización en el lenguaje por ser éste durante siglos una construcción androcéntrica: muestra de ello es la denominación del acto sexual (‘penetración’) que limita el papel de la mujer a la pasividad (‘ser penetrada’); también es evidente la carencia de un equivalente femenino para el masculino ‘viril’, que nos hace pasar a las mujeres de frígidas a ninfómanas.

Del mismo modo, resulta necesario resignificar en femenino aquellas profesiones que tradicionalmente sólo tenían masculino (por ser realizadas únicamente por hombres, al estarles vedado a las mujeres el trabajo remunerado) y a las que las mujeres ahora nos incorporamos: albañila, pilota, chancelera, bedela, técnica, abogada, directora, bombera o música. A menudo se cuestiona la necesidad de estas palabras, y como enorme concesión se aceptaría el uso del artículo ‘la’ para marcarlas en femenino (‘la músico’, ‘la abogado’). Sin embargo, de aplicar la ley de simetría y observar qué sucede en el caso inverso (cuando no hay formas masculinas para una profesión típicamente femenina que comience a ser desempeñada por hombres) descubrimos que rápidamente se introduce un nuevo término para englobar la presencia masculina (‘el secretario’, ‘el enfermero’, ‘el mariscador’, ‘el amo de casa’) en lugar de cambiar sólo el artículo ( ‘el enfermera’, ‘el mariscadora’, ‘el secretaria’ o ‘el ama de casa’). El poder del masculino es tal, que al poco tiempo de comenzarse a usar el término masculino, éste ya se convierte en genérico, y así hoy es frecuente hablar en general de ‘enfermeros’ cuando el setenta por ciento de las y los profesionales son mujeres, o de ‘cocineros’ a pesar de que en términos porcentuales quien cocina fuera de los programas de televisión somos mujeres.

En otras ocasiones se cuestiona la palabra en femenino porque coincide con un sustantivo abstracto (frente a ‘el músico’ hombre, coexisten ‘la música’ mujer y ‘la música’ arte) y ello supuestamente resulta confuso; aunque no importa lo confuso que pueda resultar ‘músico’ para saber si se refiere a un hombre o a una mujer. Empero, cuando a la inversa son los hombres quienes se incorporan a un trabajo tradicionalmente realizado por mujeres y la profesión en masculino coincide con un sustantivo ya existente, ese solapamiento no genera ninguna confusión (frente a las ‘cajeras’ mujeres, ‘los cajeros’ hombres y ‘los cajeros’ expendedores de dinero conviven en perfecta armonía).

Hay casos en los que la expresión lingüística que se acuña no busca reflejar el punto de vista de las mujeres, sino ser inclusiva con la experiencia de mujeres y hombres, y así, se proponen alternativas como ‘usuariado’, ‘funcionariado’, etc. Tanto de estos neologismos como de las expresiones en femenino suele decirse que suenan fatal. Sin embargo, que unas cosas suenen bien o mal no parece un criterio con suficiente solidez, porque aplicarlo de forma consistente no permitiría explicar la entrada en la lengua de docenas de nuevas palabras cada día, procedentes de otros idiomas o jergas. Como ya he apuntado, el lenguaje es también cuestión de hábito.

 

9. Miembro, juez y fiscal ya tienen género común

Algunas palabras tenían, décadas atrás, género común (es decir, eran invariables y la marca de género/sexo radicaba únicamente en el artículo que las precedían) como ‘el jefe’ o ‘la jefe’, o ‘el/la presidente’, ‘el/la teniente’, ‘el/la juez’, ‘el/la ministro’, ‘el/la fiscal’, etc. En ocasiones la palabra en sí misma no tenía flexión de género porque sencillamente no había sido necesario, es decir, porque ninguna mujer había conseguido (o para decirlo con más precisión, a ninguna mujer se le había permitido) alcanzar esos puestos de responsabilidad. A medida que las condiciones sociales fueron más propicias y las mujeres comenzamos a ejercer estos puestos, los feminismos reivindicaron el uso del término en femenino para llamar la atención sobre la presencia de mujeres en estos campos (‘presidenta’, ‘tenienta’, ‘jueza’, ‘ministra’, ‘fiscala’). Sin embargo, las voces del patriarcado enseguida se posicionan y caricaturizan estas propuestas, confundiéndolo todo y advirtiendo de forma apocalíptica que “a este paso se acabará exigiendo que no se diga mujer, sino mujera” (Javier Marías en EPS, 11/5/2008). De nuevo se les atribuye a los feminismos una demanda que nunca han hecho, por carecer del más mínimo sentido: la palabra mujer tiene una inequívoca connotación de sexo, y de este modo ningún/a feminista propondría añadirle una ‘–a’ final.

En cualquier caso, aparte del carácter precipitado e irreflexivo de estas afirmaciones, resulta curioso que no se cuestionen aquellas situaciones en las que el proceso se produjo en sentido inverso. Es decir, aquellas profesiones representadas con palabras de género común e invariable que sí variaron y se masculinizaron para incorporar prestigio a la profesión cuando, siendo tradicionalmente femeninas, a ellas se incorporaron los hombres. Un claro ejemplo es ‘modisto’. A pesar de que la terminación ‘-ista’ en gallego y castellano tiene género común (la periodista o el periodista, la pianista o el pianista, etc.) y de que por lo tanto, según la norma lo lógico sería decir ‘el modista’, hoy el diccionario recoge la flexión de género masculino para indicar “persona que hace o que diseña modelos originales de alta costura”. La segunda acepción de la palabra se reserva sólo en femenino para “mujer que se dedica a coser o hacer piezas de ropa, creando o no los propios modelos; costurera”. Queriendo librarse de esta segunda acepción, no resulta extraño encontrarse hoy con enunciados que emplean el masculino ‘modisto’ para referirse a las modistas de alta costura.

En lo referido a miembro, es cierto que también tiene género común, y en este caso reivindicar el uso de miembra, además de librar a la palabra de su connotación fálica (en una de sus acepciones, miembro es sinónimo de pene), también responde en cierto sentido al propósito de darle relevancia al hecho de que las mujeres estamos cada vez más presentes en los órganos de decisión colectivos, aunque sólo sea por tener que cumplir con la cuota del cuarenta por ciento. Por otro lado, usar miembras se enmarca en la estrategia de resignificación de ciertas palabras neutras, dado que según demuestran numerosas pruebas empíricas de la lingüística cognitiva, existe una pronunciada tendencia a concebir mentalmente los neutros como masculinos (pensemos si no en cómo reconstruimos la identidad de género que se esconde detrás de los apellidos). Es decir, si utilizamos miembro pensamos en masculino, por lo que resulta pertinente resignificar el término cuando se refiere a las mujeres. Así, no tiene absolutamente ninguna relación con el que preconizan algunos cuando afirman que “decir miembra es tan estúpido como si los varones comenzásemos ahora a decir ‘víctimo’ cuando se habla de uno de nosotros, o colego o persono o pelmo” (Javier Marías en EPS, 13/7/2008). La lógica de lo hasta aquí expuesto tampoco implica en ningún caso que, por decir miembras, de ahora en adelante tengamos que decir “jóvenas, responsablas y votantas, (...) y también jóvenos, responsablos y votantos, así cada cual tendría lo suyo” (Arturo Pérez Reverte en El Semanal XL, 2/4/2000) como vaticinan las voces de los patriarcas.

Propuestas como miembras son siempre pertinentes: se van proponiendo formas y el uso cotidiano y social determinará que opciones permanecen en el idioma y cuales no. Por ejemplo, en el Consello Municipal da Muller del Concello de Vigo el uso de miembras está normalizado desde hay más de 10 años, como también lo están ‘miembra’ y ‘estudianta’ en algunos países de Latinoamérica.

Lo realmente sorprendente de la que se montó a raíz del uso de ‘miembras’ por parte de la ministra Aído, a quien se acusó de ignorante por no conocer las normas de su idioma, es que no se monte el mismo escándalo cada vez que una personalidad política dice cosas como ‘friki’, ‘coffee-break’, ‘overbooking’ o ‘freelance’ que tampoco están en la lengua de las Academias. O cuando alguna de estas personalidades políticas simplemente dan muestras de un absoluto desconocimiento de la lengua cooficial de su comunidad autónoma (por ejemplo, en el caso del gallego, haciendo una incorrecta y estridente colocación de los pronombres átonos, o llenando el discurso de tiempos verbales compuestos que simplemente son inexistentes en este idioma). Resulta difícil imaginar que en tales circunstancias las columnas de opinión afirmen que esos usos lingüísticos surgen “cuando las ideologías aberrantes se juntan con el analfabetismo rampante y con la despoblación neuronal” (Juan Manuel Prada en ABC, 3/2/2007).

 

10. Los diccionarios simplemente recogen la forma de hablar de la sociedad

Cada vez que se publican estudios denunciando el carácter androcéntrico de los diccionarios, los guardianes de la lengua replican con rapidez que los diccionarios simplemente recogen la forma de hablar de la sociedad, y que por lo tanto no se pueden eliminar palabras o usos por mucho que a las y a los feministas no nos gusten (aunque sí resulta más fácil de comprender que otros usos –por supuesto, también cuestionables– como ‘gallego=tonto’ puedan ser eliminados).

Tampoco en esto están en el cierto. Por una parte, hay expresiones en la lengua que sí se dicen pero que no aparecen recogidas, por lo que los diccionarios no están actualizados con la sociedad. Y por la otra, la función de los diccionarios no es únicamente la de recoger los usos lingüísticos, sino que tienen un enorme poder normativo para determinar que usos se permiten y cuáles se sancionan: los diccionarios son herramientas a las que acudimos cada vez que tenemos dudas en el uso de la lengua.

 

11. El lenguaje no sexista se limita a lo políticamente correcto

Por si fuera poco, todas estas críticas acusan al lenguaje no sexista de ser simplemente una cuestión que se limita al terreno de lo políticamente correcto, ese lenguaje lleno de eufemismos y reglas lingüísticas exageradas con las que no ofender la sensibilidad de los colectivos supuestamente minoritarios o en situación de inferioridad social, en este mundo en el que “la corrección política, o lo que se cree por tal, se antepone a la corrección lingüística” (Julio Llamazares en El País, 20/1/2007), hasta el punto de que “los políticamente correctos están dispuestos a acabar con cuanto se les ponga por delante” (Miguel García-Posada en El País, 23/1/1997).

Así, acaba equiparándose lo políticamente correcto al lenguaje no sexista, cuando en realidad no son en absoluto la misma cosa, y de hecho ningún/a feminista ha defendido nunca la adopción de un lenguaje no sexista por ser políticamente correcto o para no herir sensibilidades. Reducir el lenguaje no sexista al mero ámbito de lo políticamente correcto es un nuevo intento demagógico de desacreditar y parodiar las políticas lingüísticas a favor de un idioma más igualitario; una manera de trivializar el debate sobre las prácticas de lenguaje no sexista; y una manera de posteriormente poder acusarlo de ser contrario a la libertad de expresión.

 

Conclusiones

En conclusión, tras rebatir las acusaciones más frecuentes que proliferan contra el lenguaje no sexista, sólo encuentro dos posibles motivos en los que basar el rechazo el uso del lenguaje inclusivo. El primer motivo partiría del desconocimiento sobre la dimensión que el lenguaje tiene en nuestra cosmovisión de la sociedad, por lo que se considera que la manera en que usamos las palabras no tiene ninguna repercusión en nuestro pensamiento ni en la imagen de la realidad que construimos en nuestra mente. Quien se adhiere a este supuesto no tiene necesariamente intención de ser sexista; pero lo es. El segundo motivo consistiría en entender perfectamente la repercusión del lenguaje en la sociedad y en comprender que cambiar nuestra manera de hablar y conceptualizar el mundo tendrá consecuencias prácticas y materiales en nuestras vidas que supondrán la pérdida de privilegios patriarcales. Y es justamente por ese motivo por lo que, quien se adhiere a este segundo supuesto, intenta someter al silencio o trata de calificar de ridículo al lenguaje no sexista, recurriendo a cuantas razones gramaticales pueda para esconder su verdadera intención misógina.

 

Sin embargo, somos muchas y muchos l@s que sabemos que otro lenguaje es posible y necesario. Y hacia él avanzamos.

Tags: lenguaje

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28 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jo

Jo dijo

Hola, Teresa, hubo en su día alguien que me acusó de 'manipular y de tergiversar' porque esgrimí la 'economía lingüística' como una razón de peso para no suprimir el valor del masculino cuando incluye a la vez el género masculino y el femenino. Pues bien, ahora resulta que se me da la razón. Cito lo que este mismo documento dice:

"No se trata de repetir todas las palabras de la frase con flexión de género, sino de duplicar por lo menos en una ocasión las palabras que aluden a mujeres y hombres para que amb@s estén explícitamente mencionados y sean visibles en la representación mental que hacemos de la realidad."

O sea, que si se trata de no repetir a cada paso una misma palabra, estamos haciendo uso de la ECONOMÍA LINGÜÍSTICA, por lo tanto me están dando explícitamente la razón a lo que ya señalé en su día en este mismo blog. ¿Se atreverán ahora a decirme que 'manipulo', cuando los propios teóricos del lenguaje no sexista acuden a los mismos argumentos que yo?

Por otro lado, lo incongruente de los argumentos de la autora de este documento salta a la vista cuando nos propone como solución:

“Las empleadas y empleados de Galicia están descontentos porque fueron instados, e incluso obligados, a declararse personas católicas”.

Con lo cual admite como bivalente la terminación del masculino plural (la cual se refiere tanto al masculino como al femenino: 'descontentOs, instadOs, obligadOs.') No vale que se me diga que ya antes se había dicho 'empleados y empleadas', porque el hecho es que 'descontentos', 'instados' y 'obligados' admiten a los dos géneros, y se da, en fin, como solución la de toda la vida, sin más pamplinas. Palabra de la autora de este documento.

O sea, que han tenido que ceder a un argumento que, lo siento mucho, tiene demasiado peso como para saltárselo a la ligera: el de la economía lingüística.

Con los otros puntos que aborda el documento no me meto, porque si no sería demasiado largo. Para mí basta con este para probar lo absurdo de esta nueva 'cruzada'. Le pese a quien le pese.

Un abrazo,
Jo

23 Mayo 2009 | 04:56 PM

teremarin

teremarin dijo

Hola Joaquin...
pues voy a acabar con las palabras que a modo de conclusión escribe Olga Castro en su texto aclaratorio :
"En conclusión, tras rebatir las acusaciones más frecuentes que proliferan contra el lenguaje no sexista, sólo encuentro dos posibles motivos en los que basar el rechazo el uso del lenguaje inclusivo. El primer motivo partiría del desconocimiento sobre la dimensión que el lenguaje tiene en nuestra cosmovisión de la sociedad, por lo que se considera que la manera en que usamos las palabras no tiene ninguna repercusión en nuestro pensamiento ni en la imagen de la realidad que construimos en nuestra mente. Quien se adhiere a este supuesto no tiene necesariamente intención de ser sexista; pero lo es. El segundo motivo consistiría en entender perfectamente la repercusión del lenguaje en la sociedad y en comprender que cambiar nuestra manera de hablar y conceptualizar el mundo tendrá consecuencias prácticas y materiales en nuestras vidas que supondrán la pérdida de privilegios patriarcales. Y es justamente por ese motivo por lo que, quien se adhiere a este segundo supuesto, intenta someter al silencio o trata de calificar de ridículo al lenguaje no sexista, recurriendo a cuantas razones gramaticales pueda para esconder su verdadera intención misógina."

23 Mayo 2009 | 07:22 PM

Jo

Jo dijo

Precisamente, yo considero que la lengua es 'inclusiva' cuando incluye en una misma terminación tanto el género masculino como el femenino. ¿Qué de malo hay en ello?

Cuando faltan argumentos, o se pone el grito en el cielo o se insulta, pero no se responde a lo que hay. Lo digo porque la primera que descalifica es la autora de este documento. Sirva de botón de muestra las palabras, que no palabros, que ella misma emplea:

"opiniones inconsistentes que tergiversan de forma malintencionada los objetivos del lenguaje no sexista y difunden falsos mitos aprovechando las influyentes columnas de opinión de los medios de comunicación, estas reacciones esconden profundas concepciones misóginas"

¿No es este un lenguaje agresivo, insultante, descalificador, justamente lo que ella reprocha de los que defienden el lengua, según ella, 'sexista'?

Y aquí viene bien lo de la paja en el ojo, etc.
Un abrazo,
Jo

23 Mayo 2009 | 07:42 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

Vamos a ver Jo, por tu tono y la referencia a 'manipular y de tergiversar' entiendo ahora lo del e-mail que me mandaste, aunque no veo el insulto, pues me habías dejado desconcertado.

A ver, respecto al tema decir que cada quien tiene su forma de entender y defender el lenguaje no sexista. A grandes trazos habría dos corrientes: la que busca neutralizar el lenguaje formal a través de términos de género común, y la que pretende corregir a través del lenguaje formal una situación de agravio histórico, por decirlo así, visibilizando el colectivo que siempre ha estado escondido por el machismo del masculino como neutro.

Ciertamente, si es esta segunda la corriente que veas defender, lógicamente ello implica inflación de palabras. Pero no en el primer caso, o apenas. En mi caso, aunque entiendo perfectamente la segunda linea de pensamiento, creo que no es práctica precisamente por el mismo motivo que tú aduces, por economía lingüística.

Ahora bien, del mismo modo que perdemos el tiempo usando un "lenguaje formal", con esas construcción del tipo "Estimado X", etc., en vez de un simple "Hola", mucho más práctico, podemos entender que hay situaciones en las que es necesario tener "educación".

Y ni que sea por educación, lo que propone Olga de usar un desdoble o doble forma sólo al principio es eso, una cuestión de educación, de formalismo, y de puesta en valor del lenguaje inclusivo y no sexista. Ahora bien, luego de usar una doble forma inicial, la cosa es usar términos neutros, en absoluto masculinos como crees haber entendido, seguramente por su error (que nadie disfruta de la perfección eterna), al haber usado 'descontentos', 'instados' y 'obligados', es decir, masculinos.

O sea, la economía lingüística no puede ser jamás un argumento en contra del lenguaje inclusivo, al contrario, la lengua está al servicio de las necesidades sociales, y no al revés.

En cualquier caso, más allá de tu percepción de 'cruzada' sobre esto, es algo mucho más sencillo. No importa la perfección, ni tener un acuerdo global sobre el concepto de lenguaje no sexista (que no existe, pues en cada guía verás distintas soluciones, allende el hecho de las dos tendencias apuntadas). Lo que importa es la buena intención de introducir un lenguaje no excluyente, y listo. Nada más. La perfección o la unidad de criterio no son aspectos humanos.

23 Mayo 2009 | 07:46 PM

Jo

Jo dijo

Sobre las palabras que expresan un 'género común' como solución, ya le dije, señor Xavier, se lo repito ahora, que no existe un número suficiente como para reemplazar el valor de la terminación -o (o equivalentes) para incluir ambos géneros, el masculino y el femenino, en una misma palabra.

Considero que nuestro lenguaje, tal como está concebido, es incluyente cuando INCLUYE ambos sexos en una misma terminación. Si lo que le molesta es la coincidencia con la terminación que designa solo al género masculino, le diré que hay casos en que a veces es la -a la que cumple esta función:

El oculistA
La oca
Las palomas

o indcluso la -e

El hombrE

o una consonante

La mujeR

¿Nos escandalizamos por la terminación de una palabra? En mi modesta, humilde, no malintencionada y no misógina intención el 'uso' machista de la lengua se DA cuando adrede hacemos un uso machista:

¡Qué cojones tiene ese tío!
¡Qué calzonazos de marido!
¡Vaya coñazo de película!
¡Es la polla!

Estas expresiones si me dicen que son machistas, yo digo que sí, son machistas. En cuanto a la terminación de una palabra en -o. ¿Machista por eso? Pues mire usted, no.

Saludos,
Jo

23 Mayo 2009 | 08:18 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

Efectivamente lo último que comenta es lo que podemos llamar sexismo conceptual o léxico, pero no es objeto eso ahora de tratamiento, que sería el sexismo formal o gramatical.

Que un término termine en 'o'... ¿por qué es sexista? ¿o por qué no lo sería una que termine en 'a'?

Lo que me pregunto Jo es si ha entendido de verdad de qué estamos hablando. Le recomiendo de nuevo que lea una guía, por ejemplo la de Blog Responsable, http://www.etia.biz/blog/guia-sin-sexismos.pdf, para sentar un marco común de lo que estamos hablando.

Por el resto:

1.- la demostración de que existen soluciones no sexistas infinitas a los sexismos apuntados lo es Blog Responsable, que sin tocar específicamente la temática de género sino de negocios, hace un uso no sexista del lenguaje bajo la primera de las corrientes que le comenté anteriormente, de modo que incluso si no lo dijéramos nadie lo sabría. Siempre hay una solución no sexista.
2.- 'Oculista' es de género común, entonces no entiendo porqué lo pone como ejemplo de sexismo. Otra cosa es que al determinar el término, es decir, poner artículo delante, sí se puede caer en sexismos: diremos 'voy al oculista' cuando sea un hombre o 'voy a la oculista' cuando sea una mujer. ¿Cuál es el problema?
3.- ¿El hombrE... qué tiene de sexista el término? Un sexismos no tiene nada que ver en cuál sea su terminación, sino en si se hace un uso adecuado de sus flexiones de género. En este caso no tiene sentido, pues su antónimo es 'la mujer' que, nuevamente, no es posible valorar como sexista o no simplemente por su terminación. 'Hombre' es de género masculino, como 'mujer' lo es femenino, como 'oculista' es de género común o neutro.

23 Mayo 2009 | 08:40 PM

Jo

Jo dijo

Yo no he puesto 'oculista' como ejemplo de sexismo sino de palabra que termina en -a y se refiere tanto al género masculino como al femenino, para demostrarle que todo es una cuestión de terminación: -o, -a, -e o bien, consonante. Eso es todo. El matiz machista, o sexista, no está en la palabra, sino en quien se lo atribuya. La agradecería, por otro lado, que en vez de enviarme a su estupenda página me respondiese aquí y ahora. De lo contrario, pensaré que se me fue por los cerros de Úbeda.

23 Mayo 2009 | 08:49 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

Jo, es bueno informarse de las cosas antes de hablar de ellas, por ello le remita a la guía, que no a la página.

Y por cerros de Úbeda parece que vaya usted amigo, pues sigo sin entender de nada sus argumentos. Parece que está puesto en una posición de no y no, y cualquier argumento, aun siendo incoherente o que obvie la línea argumental anterior, ya le está bien.

¿"todo es una cuestión de terminación"? Pero piénselo bien Jo, ¿de verdad cree eso? Y en cualquier caso, ¿es eso una respuesta a lo anteriormente argumentado? ¿Qué tiene que ver terminación con sexismo?

Los términos tienen género o no tienen. Es en el primer caso que hay que cuidar no incurrir en sexismos. Y ello con independencia de terminaciones, que nada tienen que ver.

23 Mayo 2009 | 08:58 PM

Jo

Jo dijo

Voy a darle fuentes de información:

Gramática de la lengua española, de Manuel Alarcos

Curso Superior de Sintaxis español, de M. Gil y Gaya

Lecciones de lingüística general, de Emilio Cosseriu

Historia de la Lengua Española, de Rafael Lapesa,

y, por si le falta tiempo y no puede con los tomos arriba citados:

Gramática esencial del español, de Manuel Seco.

Mis argumentos son muy coherente, o si no dígame por qué son incoherentes. ¿Algo más que decirme?

Claro que es una respuesta decir que todo reside en la terminación, porque si usted en la frase 'Los vecinos de mi calle son gente pacífica' ve un uso sexista por usar 'vecinOs' yo le digo que es la terminación la que le hace pensar que es sexista, la terminación y cierto, digamos, empecinamiento en ver machismos y sexismos por todas partes.

23 Mayo 2009 | 09:09 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

La evidencia de que no son terminaciones sino el uso del género masculino lo que es sexismo lo dice todo, lo que es azul seguirá siendo azul a pesar que usted diga treinta mil veces que es rojo. Cuando se quite la venda de los ojos para realmente querer entender de qué estamos hablando, seguiremos debatiendo.

Y con tales referencias bibliográficas que da... en fin, mejor me callo, que es como decir que con Franco estábamos mejor. Lo siento amigo, no seré yo este tipo de gente que vive del pasado.

24 Mayo 2009 | 12:05 AM

Jo

Jo dijo

Lo suyo es de una soberbia que no tiene límites. Las referencias que le he dado, muy señor mío, son manuales cuyos autores han consagrado años de estudio, años de dedicación al estudio de la Lengua, y usted los ha ventilado de un plumazo diciendo que 'con Franco estábamos mejor', dando a entender que esos autores eran de la época de Franco y que en tiempos de Franco no se trabajaba tan en serio como ahora las cuestiones que pertenecen exclusivamente a la Lengua, no a la política. Y para colores, el suyo, que es el de la ofuscación, porque, en efecto, la Lengua se sirve de una terminación (llámese también 'desinencia') para diferenciar el género masculino del femenino. Cuando se trata de aludir a los dos géneros a la vez, ambos INCLUSIVE, se suele emplear la terminación, sí, señor mío, la terminación del masculino plural. Aunque no siempre, como en el clásico ejemplo de: 'Las palomas', para referirse indistintamente a palomas y palomos. ¿Es tan difícil de entender esto? Y, por favor, un respeto lo mismo para los opiniones ajenas como para la labor y esfuerzo de toda una vida, como la que dedicaron aquellos estudios de la Lengua, que para mí me merecen el mayor de los elogios, porque nos ayudaron a comprender cómo funciona la Lengua y no a dejarse engatusar ni embobinar por discursos pretenciosos, artificiales y amañados. Es cuanto.

24 Mayo 2009 | 07:28 AM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

Los manuales a los que se refiere, así como la propia RAE, serán muchas cosas, pero no precisamente modernidad. De los cuarenta y tantos sillones de la RAE sólo 4 corresponden a mujeres (y 1 reciente todavía pendiente de toma de posesión). Para más INRI, el sillón 'ñ' corresponde a Luís María Ansón, que como profesional de la lengua tiene bien poco, y en cambio mucho de fascismo político y manipulación de los medios de comunicación, sin olvidar la simbología del sillón: la 'ñ'. O sea, pura política. La RAE sabemos que vive anclada en el pasado, y como la Iglesia Católica, frena cualquier avance para adaptarse a los cambios sociales, que repito, la lengua está a su servicio, y no al revés.

Así pues no es de estrañar que toda la 'jerarquía eclesiástica' de la RAE esté contra el lenguaje no sexista.

Dicho esto, de todos modos, vuelvo a las incoherencias que he comentado, ¿qué tienen que ver dichos manuales que refiere con lo que estamos discutiendo? Incluso asumiendo que estos manuales y la RAE son la 'Biblia' por la que debemos usar, como mínimo en la guía de lenguaje no sexista de la que soy coordinador, no hay nada que rompa con los criterios lingüísticos, excepto en la asunción de partida de que el género masculino (lo que usted llama terminaciones) es el que también representa al femenino (sic).

Más aún, cuando en alguna de las pocas soluciones proponemos 'inventarse' un genérico, como 'usuariado', este creo que responde a una perfecta conformación etimológica, equiparable a la de funcionariado o empresariado. Simplemente nadie lo propuso antes, y por ello no está en el diccionario. La pena es que la lengua española (o cualquiera de las latinas) tiene una Iglesia que dicta lo que es bueno y malo. Miremos como el inglés que no tiene dicho ente le va mucho mejor, y exporta términos por doquier. Por algo será.

A pesar pues de todo ello, a parte pues de la hipótesis de partida que el masculino no es el genérico, no hay prácticamente nada más que se salga de los 'cánones eclesiásticos'.

E incido en obviar la cuestión de las terminaciones, pues es lo que lleva a confusión a la mayoría de quienes hacen burla del lenguaje incluyente: 'el mundO' y 'la mundA', 'futbolistA' y 'futbolistO', etc. Es decir, cuando se aborda la cuestión como simples terminaciones, la gente confunde el verdadero sentido del lenguaje no sexista, y que tampoco rompe los pilares de la lengua, simplemente adapta su uso a las nuevas necesidades. Mejor pues hablar simplemente de que el masculino no incluye al femenino, y a partir de ahí deriva la articulación de la propuesta.

Pero incluso la propia RAE vive en la confusión constante: ¿por qué se incorporaron términos como modisto, clienta o presidenta? Pues sus 'originales' siguen siendo de género común según el DRAE, modista, cliente o presidente. Siempre mejor un término de género común que no dos que diferencien géneros.

Como ve pues, no se trata en esencia de romper con nada esencial de lo que dicen las 'Biblias', sino de hacer un uso distinto.

En cualquier caso, siempre habrá una cuarta parte de quienes han conocido la esencia del lenguaje no sexista que seguirán pensando que 'es una tontería', tal y como indica la encuesta que tenemos en nuestro blog. Grupo pues en el que se encuentra usted, Jo.

Y en fin, tampoco me voy a rasgar las vestiduras por ello, gracias a Dios vivimos en un entorno con libertad de pensamiento. Pero también tenemos esa libertad quienes deseamos un lenguaje no sexista.

24 Mayo 2009 | 11:44 AM

Jo

Jo dijo

Respondiendo a su discurso, le diré que la lengua es una cosa, la política otra. Si usted se afana en politizar los mecanismos propios de la lengua está poniéndose a la altura del señor Ansón, a quien menciona, por cierto. Mis argumentos son gramaticales, nada tienen que ver con la política, los tratados que le cité son lingüísticos, nada que ver, pues, con la política. Así que no vaya mezclando, que así es como se tergiversan los puntos de vista y se acaba cayendo en la demagogia.

He sacado a colación los manuales porque, como su nombre indica, tratan 'hechos de la lengua'. Y la cuestión que tratamos aquí es, creía yo, un 'hecho de la lengua'. Estos manuales no son la Biblia, cualquiera puede rebatirlos: pero que aporte argumentos y que no se limite a decir 'nosotros hablamos desde la modernidad', como usted hace. Ese argumento no me vale, es puro humo. Hay verdades que están fuera del tiempo. Así que no me venga con cuentos chinos acerca de la modernidad y de la antigüedad.

Me permito hacer una rectificación a su discurso: 'El género masculino (lo que usted llama terminaciones) es el que también representa (y aquí añado: solo a veces, cuando se trata de INCLUIR A LOS DOS géneros a la vez) al femenino."

Porque precisamente esto obedece a una convención que ni usted, ni yo, ni los señores de la RAE nos hemos inventado: es un acuerdo al que han llegado TODOS los hablantes de esta lengua castallena. Si usted no está de acuerdo con ese 'acuerdo común, tácito y universal' permita al menos que yo disienta de su desacuerdo, que juzgo infundado (a mis argumentos me remito). Y para ello no hace falte que mencione la política, que eso ya sería salirse del tiesto. ¿Me entiende o no me entiende?

Y si cree que la solución reside en inventarse genéricos, tipo 'usuariado', apañados estamos, porque la tarea que se le viene encima no se la deseo ni a mi peor enemigo, porque serían muchos, demasiados sin duda, el número de nuevos vocablos que tendría que introducir en el mercado de la lengua para aproximarse siquiera a su eficacia comunicativa del momento. Usted no es verdaderamente consciente de las consecuencias de lo que propone. Usted no se ha hecho a la idea de que necesitaría todo un nuevo diccionario para llevar a término su empresa.

Y si considera a los 'estudiosos' de la lengua como pertenencientes a una secta religiosa, tipo iglesia, ¿qué está usted haciendo, señor mío, ocupándose en 'crear' palabras y en decir a bombo y platillo lo que es sexista o no es sexista? Lo que censura en los otros, es lo que usted hace. Al final terminaré llamándole 'padre de la Moderna Lengua'. ¿Que me dirá que 'padre' es en este caso machista? Bueno, le llamaremos entonces 'Creador de la Moderna Lengua.'

Para concluir, la RAE incluye nuevos términos porque la lengua evoluciona, y no será usted, ni nadie, de hecho, quien diga cómo va a evolucionar ni qué camino ha de seguir en el futuro.

Mire usted, a mí lo de las encuestas me parece un poco como lo de la política, que se empeña en meterla en todas partes. En fin, no se rasgue las vestiduras que gracias a Dios tampoco es necesario que llegue a esos extremos.

24 Mayo 2009 | 12:58 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

1.- ¿Tarea ingente? No amigo, en absoluto, apenas unos pocos vocablos es necesario añadir, la lengua es suficientemente rica como para tener soluciones mil. No le repito que eche un vistazo a Blog Responsable como demostración de que no son necesarios apenas cambios, porqué está claro que no tiene en absoluto intención de abrir los ojos a otras realidades.

2.- Quienes han pactado que el masculino 'sea genérico' no son quienes hablan las lenguas, sino sus academias. Añado: cualquier pacto tácito es susceptible de ser cambiado, sólo es necesario voluntad y sensibilidad social, algo de lo que carece RAE y manuales susodichos.

3.- ¿Que yo quiero imponer qué? Jaja, oiga Jo, no distorsione a su gusto las cosas, yo, como muchísima otra gente, muchísima, abogamos por un cambio en el uso (que no la concepción) sexista de las lenguas latinas. Lo de 'padre', 'creador', etc., son simplemente artilugios que saca para tergiversar las cosas. En fin, ya ve que también parece ser usted que tergiversa, como si yo fuera el único que habla de lenguaje no sexista.

4.- "Las encuestas no cuentan"... ya... Bien amigo, precisamente como experto en sociología que soy le diré que es lo que más cuenta, mucho más que manuales y RAE, porqué es lo que quiere la sociedad, no unos sillones casposos.

5.- Y sí, tiene razón, la lengua es una cosa y la política otra... ¿he dicho acaso lo contrario? No se imagine cosas que no son. La politización y sectarización en definitiva es lo que denuncio de la RAE: la no presencia apenas de mujeres y la asignación por criterios estrictamente políticos del sillón 'ñ'. Por favor Jo, intente manipular mis palabras diciendo que soy quien introduzco política, que es precisamente lo que condeno de la RAE.

24 Mayo 2009 | 02:11 PM

Jo

Jo dijo

Algunas anotaciones a su discurso nuevamente politizado:

1) "Quienes han pactado que el masculino 'sea genérico' no son quienes hablan las lenguas, sino sus academias." = Demuéstrelo. Dé argumentos.

2) "cualquier pacto tácito es susceptible de ser cambiado, sólo es necesario voluntad y sensibilidad social, algo de lo que carece RAE y manuales susodichos." Y yo añado = 'susceptible de ser cambiado', a condición de que todo el mundo se ponga de acuerdo, porque de eso se trata. Y todavía añado = facultad de la que carece usted mismo y susodichos.

3) "abogamos por un cambio en el uso (que no la concepción) sexista de las lenguas latinas." Para que vea lo absurdo de su idea, le voy a demostrar en unas líneas que se puede utilizar un lenguaje sexista y respetar su dogma; y se puede no tener en cuenta su dogma y no usar, sin embargo, un lenguaje sexista. Demostración:

"Mi mujer es muy lista, dice que no quiere un hijo, sino dos, porque así podrá decir 'niño' y 'niña'. ¡Y qué cosas más avanzadas se le ocurren a mi mujer!"

Este fragmento en nada infringe, creo yo, la 'forma' de su lenguaje no sexista. Y sin embargo, todos los sentimos como lo que es, un discurso machista.

En cambio:

'Vinieron los señores de Rodríguez a vernos a mí y a todos mis hermanos. En casa somos cinco, pero nuestros padres se pasan el día fuera y a los grandes de la familia apenas los veo en todo el día. Yo soy la pequeñina del hogar."

Este discurso usa genéricos del tipo: 'los señores de', y masculinos plurales que engloban a los dos géneros a la vez: 'hermanos, padres, los grandes'. ¿Debemos considerarlo por ello que es un discurso sexista? Que cada cual opine.

4) "Lo de 'padre', 'creador', etc., son simplemente artilugios que saca para tergiversar las cosas. En fin, ya ve que también parece ser usted que tergiversa" = falso; tergiversar es lo que usted ha hecho antes, cuando me habló de política, queriendo mezclar moros con cristianos para confundir al personal. Por desgracia para usted, ya no cuela eso de acusarme de lo que usted mismo hace.

5) "ya... Bien amigo, precisamente como experto en sociología" = a esto le digo que se baje del burro. O dicho de otro modo, aquí llega don Modestio con sus zapatos de charol.

6) "la lengua es una cosa y la política otra... ¿he dicho acaso lo contrario?" = lea su anterior discurso y verá como me habló de la política hasta en la sopa. No tergiversemos ahora, amigo Sansón, digo, Xavier.

7) "la no presencia apenas de mujeres y la asignación por criterios estrictamente políticos del sillón 'ñ'." = Esto es hacer política, diga lo que diga. Lo exclusivamente gramatical es probar si son o no eficaces, o pertinentes, los cambios gramaticales que usted propone al 'tácito acuerdo' global: El uso de la terminación del masculino plural cuando se refiere a AMBOS géneros.

24 Mayo 2009 | 02:44 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

Con estas líneas se ha puesto en evidencia y ha demostrado 3 cosas:

1.- que mezcla churras con meninas.

2.- que politiza el mensaje, y asume que la RAE tiene algun tipo de legitimidad social. "Demuéstrelo" dice, demuestre usted lo contrario. "facultad de la que carece usted mismo y susodichos", eso es como decir que quienes han defendido el cambio climático acelerado durante 30 años, para ahora tener la razón, tampoco tenía legitimidad para 'opinar'. Sí amigo, política la suya, que no acepta el debate social. Y es que sí, ahí se equivoca usted como el integrismo religioso: hay otras formas de entender la lengua, pero claro, sólo vale la de la 'Iglesia Católica'... digo RAE, ¡viva la RAE en nombre de Dios!

3.- que no ha entendido lo que es el lenguaje no sexista. Le invito por enésima vez a que se lea alguna guía de lenguaje no sexista, porqué no ha entendido ni papa. "Este discurso usa genéricos del tipo: 'los señores de',"... ah, eso es un genérico? vaya, menuda aportación la suya que demuestra que no sabe de qué estamos hablando.

Y sí, sí Jo. Ya sabemos que acusar al resto de lo que practica cada cual es una forma de tergiversar, que usted bien practica. Y sinceramente, cansa ya un poco su repetición cuál ajo en exceso en los mismos no argumentos de siempre, victimismo, integrismo lingüístico, incapacidad de vertebrar la lengua en un contexto social en evolución constante y su negativa a querer entender primero de lo que está hablando, porqué todavía no entendió, porquè no quiere, qué es lenguaje no sexista, mezclándolo con simples 'terminaciones'. Menudo panorama, desalentador para seguir debatiendo sobre el vacío absoluto que sigue promulgando.

Y es que su continua perversión en no aceptar que puedan existir ideas distintas a la suya, le lleva a ser un alborotador conservador en medio de un grupo, grande o pequeño, en eso da igual, que propone un cambio o adaptación de la lengua. Para muestra: usted está apuntado al grupo del facebook 'Por un lenguaje no sexista', y cuando desde éste se envía un e-mail a quienes forman parte de él sobre una actualización, usted responde que no quiere debatir sobre ello. En fin, ¿qué hace pues ahí?

Y encima, lo más increible: que las encuestas no sirven, sólo vale la 'Biblia' de la RAE. En fin... eso es puro integrismo, o sea, falta de aceptación de 'otras' verdades, porqué no hay una sola verdad absoluta, como tampoco entre la propia concepción del lenguaje no sexista, que admite como he expuesto hasta la saciedad, matices y corrientes variadas, así como un trabajo conjunto para buscar soluciones no sexistas a aspectos difíciles, o bien simplemente asumir que no es posible aplicarlo a todo, como es el caso del mundo animal. Como ve, el debate es entre el integrismo conservador de la RAE o el avance social de la lengua para adaptarse a las necesidades sociales.

Lo dicho, sólo se me ocurre un motivo: la provocación por la provocación en medio de la absoluta falta de empatía y respeto hacia la opinión que una minoría social promueve, con toda legitimidad, aunque usted la niegue desde el integrismo lingüístico.

En fin, usted tiene su derecho lógicamente a crees que es 'una tontería' el tema. Pero mientras tanto otras lenguas más 'flexibles', como el inglés, se adaptan perfectamente, gracias a la inexistencia de órganos inquisitoriales como la RAE y la flexibilidad mental de quienes usan la lengua.

Yo cuando hay un grupito que defiende algo que puedo detestar... pues simplemente me abstengo y le obvio, no me convierto en un alborotador y provocador en su seno.

En fin amigo, creo que he tenido ya muchísima y suficiente paciencia con sus posturas, y por segunda vez por cierto, con su propia cruzada anti-lenguaje incluyente, pero no seguiré debatiendo cuando media la intransigencia.

24 Mayo 2009 | 04:23 PM

Jo

Jo dijo

"Demuéstrelo" dice, demuestre usted lo contrario." = como sociólogo que es debería saber que a quien afirma algo es al que le toca demostrarlo, no a quien lo oye.

eso es como decir que quienes han defendido el cambio climático acelerado durante 30 años, para ahora tener la razón, tampoco tenía legitimidad para 'opinar'. = ¿...? qué me lo expliquen, porque no he entendido lo que esto quiere decir. Esto me suena a bla bla bla, pero sigamos que se pone interesante...

el debate social. = el debate social, ¿de quién y para con quién? Porque yo le juro, saturno de mi vida, que cuando voy por la calle todo el mundo dice: 'Mis hijos van al colegio' y quieren decir con ello: mi hijo y mi hija. ¿Salta alguien para censurarlo y crear el debate de que me habla? Pues no, todavía no he visto eso nunca. Veamos que más da de si su bla bla bla...

que no ha entendido lo que es el lenguaje no sexista. Le invito por enésima vez a que se lea alguna guía de lenguaje no sexista, porqué no ha entendido ni papa. "Este discurso usa genéricos del tipo: 'los señores de',"... ah, eso es un genérico? vaya, menuda aportación la suya que demuestra que no sabe de qué estamos hablando. = ya veo cómo una vez más no responde a lo que se le pide. ¿De nuevo tergiversando, señor Xavier?

Y sinceramente, cansa ya un poco su repetición cual ajo en exceso = y sinceramente cansa su prepotencia, su manera de descalificar sin aportar argumentos, su cerrazón, su manía de salirse por la tengente y su... Veamos que más da de sí su bla bla bla (confieso que ya me está aburriendo su parlare sociológico, en fin, paciencia)...

porquè no quiere, qué es lenguaje no sexista, mezclándolo con simples 'terminaciones' = por la misma regla de tres, le digo que usted no tiene ni idea de lo que habla, que usted no sabe lo que es un lenguaje no sexista y que cuando le dan argumentos se limita a descalificar y a salir por los cerros de Úbeda, ya sea la política, el cambio climático, o la santa iglesia católica romana. Cambie de disco, por favor, señor yo-me-rallo-con-lo-mismo.

es que su continua perversión en no aceptar que puedan existir ideas distintas a la suya =aceptaré una idea contraria a la mía cuando me demuestren con argumentos la validez de una opinión, hasta el momento usted se sube a las paredes. Pero, ¿y luego qué...? Humo, su discurso es puro humo, y vale lo que dura un bostezo.

Para muestra: usted está apuntado al grupo del facebook 'Por un lenguaje no sexista', y cuando desde éste se envía un e-mail a quienes forman parte de él sobre una actualización, usted responde que no quiere debatir sobre ello. En fin, ¿qué hace pues ahí? = yo he entrado primero aquí; luego vino usted y me respondió. ¿Quién es el que miente, manipula y tergiversa, señor Xavier?

encima, lo más increible: que las encuestas no sirven, sólo vale la 'Biblia' de la RAE. = Eso yo no lo he dicho nunca. ¡Stop a sus manipulaciones! y a continuación, basándose en lo que yo nunca he dicho, dice que 'eso es puro integrismo', etc. ¡Stop a sus mentirosas manipulaciones!

En fin, ya me aburrí, su bla bla es realmente cansino, llegados a este punto, me alegro de que se haya ido por los cerros de úbeda, porque por lo menos lo tengo bien lejos de mí.

Que tenga una feliz tarde y váyase a freír monas,
Jo

24 Mayo 2009 | 05:16 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

Jaja, es usted realmente increible. Mire, ya se puede inventar lo que quiera y manipular lo que desee, o llegar a pensar que soy yo quien lo hace (empiezo a pensar que realmente se cree lo que escribe). Pero usted seguirá enquistado en su erre que erre (o eñe que eñe), y yo en que el lenguaje no sexista es un instrumento para mejorar la igualdad de oportunidades. Mire Jo, se piensa que es único, y lo cierto es que el hartazgo que habrá observado en algunas palabras mías se deben a que varia gente detractora como usted siempre usan los mismos argumentos y se repiten, y repiten, y repiten,... De hecho en la guía, y más a fondo en el artículo de Olga, se recogen todas estas objeciones, con respuestas que usted no quiere aceptar que lo son. Parece que sólo las suyas son verdades.

He visto ahora en su perfil que es profesor de lengua precisamente, como decía el bueno de Bernd Schuster, "no hase falta desir nada más". La lengua, la sociología, la medicina, la política, la religión,... no son materias exactas como las matemáticas, por lo tanto siempre habrá subjetividades que se introducen para tomar partido. Usted toma legítimamente, y por defecto profesional, las suyas y, permítame, que yo tome con absoluto convencimiento las mías, acaso también por defecto profesional, porqué creo que la lengua no es un fin sino un simple medio (otra subjetividad claro). Saludos.

25 Mayo 2009 | 01:08 AM

teremarin

teremarin dijo

Bueno , creo que ya cada cual ha agotado sus razonamientos y con pasión los han defendido...He de decir que ha sido estupendo leeros a los dos y estoy convencida que si alguna vez pudierais veros cara a cara sería un debate muy pero que muy interesante...le habéis dado a mi blog una puntuación alta ,porque ya sabeis que el alimento de un blog son los comentarios..
Por tanto quiero daros las gracias por haber elegido esta plataforma(como dicen ahora) para expresar vuestros pensamientos....
Personalmente creo que pese a quien pese el lenguaje no sexista irá impregnando la sociedad y que eso será un instrumento de concienciación de otras muchas injusticias y en que estas finalicen....el camino es largo y caminante no hay camino , se hace camino al andar.
Un abrazo enorme y afectuoso para los dos. Os aprecio de veras.

Tere Marin

25 Mayo 2009 | 01:57 AM

Jo

Jo dijo

Pero qué discurso prepotente, vacío de contenido, sin darme un solo argumento que ataña a la lengua me ha soltado usted a todo esto, solo insultar y mezclar contenidos, como hacen siempre los que carecen de argumentos.

Jaja, qué risa me dan los fanáticos como usted que dicen servir a la sociedad y se sirven de ella para engañar, manipular, insultar y ponerse al servicio de viles intereses como el de recolectar votos con burdas manipulaciones a la lengua, por aquello de 'nosotros somos todos y todas'.
´Váyase con ´su música y su cuento, se lo repito, a freír espárragos, señor sociólogo.

25 Mayo 2009 | 07:21 AM

Jo

Jo dijo

Tere, el lenguaje no sexista no consiste en poner 'genéricos' y en decir 'todos y todas' a cada rato. La lengua no es sexista en sí, es el uso que hagamos de ella, puedo respetar los mil y un puntos que el señor impresentable de arriba considere oportuno y, si me da la gana, seré sexista, racista, o machista. Porque la lengua en sí no es nada de eso, solo lo es el uso que hagamos de ella. La lengua es un 'instrumento' de comunicación, y le daremos el matiz o el barniz que nosotros queramos.

No te dejes engañar por gente como el de arriba, solo buscan el beneficio personal, votos y cosas así. Lo saben y manipulan. Por eso se ponen a vociferar como energúmenos cuando alguien les canta las cuatro verdades. Son unos puros estafadores. Es cuanto.

25 Mayo 2009 | 07:30 AM

tere marin

tere marin dijo

Buenos dias...
Pues me parece que el único que ha dicho insultos bién grandes eres tú Joaquin...
y bueno si al final se trata de elegir ,como tú bién, dices prefiero estar siempre del lado de quién busque mayor justicia que del que quiera elegir ser sexista, racista o machista....
a pesar de todo y esperando que los ánimos se serenen te mando un abrazo fraterno y con esto doy por acabado el debate.

25 Mayo 2009 | 01:33 PM

Jo

Jo dijo

Estás en tu derecho de ponerte del lado que quieras, faltarías más, pero decir que he dicho yo los insultos más grandes es faltar a la verdad. Y para demostrar esto, traigo a colación una muestra de lo que el señor Xavier me ha dicho sin que mediara provocación por mi parte:

"puede inventar lo que quiera y manipular lo que desee,"

"Y es que su continua perversión en no aceptar que puedan existir ideas distintas a la suya, "

"Y es que sí, ahí se equivoca usted como el integrismo religioso: hay otras formas de entender la lengua, pero claro, sólo vale la de la 'Iglesia Católica'... digo RAE, ¡viva la RAE en nombre de Dios!"

"mezcla churras con meninas."

"que politiza el mensaje, y asume que la RAE tiene algun tipo de legitimidad social."

"con tales referencias bibliográficas que da... en fin, mejor me callo, que es como decir que con Franco estábamos mejor."

"He visto ahora en su perfil que es profesor de lengua precisamente, como decía el bueno de Bernd Schuster, "no hase falta desir nada más".

Después de leer estas someras intervenciones, me pregunto: ¿en qué momento ha buscado el 'debate lingüístico' este señor? ¿Quién ha empezado a hacer alusiones a la Iglesia y a la RAE, que nada tienen que ver con este dabete ni conmigo, porque yo no soy miembro ni de la una ni del otro? Entonces, ¿quién ha eludido el verdadero debate para meterse en cuestiones de política? Pues eso.

Que tengas una tarde,
Jo

25 Mayo 2009 | 02:47 PM

Jo

Jo dijo

Antes de cerrar este falso debate, que queden claro dos cosas:

1) Le invito al señor Xavier que se pase a mi blog y se lea cualquiera de mis dos novelas: 'Las aventuras del amigo invisible', 'Tribulaciones de un español en París', y que me diga, con argumentos, no con descalificaciones, cuándo y en qué momento he utilizado un lenguaje sexista, no obstante no haber hecho ni puñetero caso, ni maldita la falta, a sus pseudo-preceptivas por un lenguaje no sexista.

2) Que sí, señor Xavier, que soy profesor de lengua española, y a mucha honra, que sé de lo que hablo, porque la lengua es mi instrumento de trabajo desde hace años, que usted será un sociólogo, pero me ha dado la impresión del más puro charlatán, y de los peores que he conocido.

Así que, siga politizando la lengua, como hacen todos los políticos de pacotilla que venden su alma al diablo por un voto. Es cuanto.

Adieu!

25 Mayo 2009 | 03:27 PM

Marisa Wagner

Marisa Wagner dijo

Hola:
Que interesante ha sido repasar este debate. Hoy al repasar un viejo libro leí unas frases que quisiera compartir con ustedes.
El libro se llama -LA FISIOLOGÍA DEL GUSTO- de Jean Anthelme Brillat-Savarin(Francia) (1755—1826) es uno de los primeros
escritores gastronómicos de la historia de la alimentación humana.Dice :
"...Todos los idiomas han tenido su nacimiento, apogeo y decadencia, y
de los que florecieron desde Sesostris hasta Felipe Augusto, fuera de los
monumentos, no existe uno solo. Igual suerte cabrá al idioma francés, y
para leer esté libro en el año de 2825, si hay entonces quien leerlo
quiera, será necesario un diccionario...."
Y CONCLUYE DICIENDO:
"...Siempre que escribo y hablo usando el pronombre de la primera
persona en singular, dase a entender que sostengo con el lector una
especie de coloquio y puede entonces éste examinar, discutir, dudar, y
aun reírse de lo que yo manifieste. Mas cuando me armo del nosotros
temible, en tales casos enseño desde la cátedra y es forzoso someterse
a lo que diga..."
Un saludo cariñoso y gracias Tere por compartir tan interesante tema
Marisa Wagner

26 Mayo 2009 | 11:00 PM

F. Xavier Agulló

F. Xavier Agulló dijo

La lengua no es sólo un diccionario, ni una gramática, ni una traducción, ni una ortografía. Eso es sólo un árbol sin hojas. Lo que enriquece la lengua, y por ende los debates, son las metáforas. Leo los presuntos insultos que he usado y no he conseguido identificar ninguno, aunque sí muchísimas metáforas pues me gusta buscar la coherencia entre las muchas cosas sobre las me gusta opinar. En cambio sí he podido leer 'impresentable de arriba', aunque igual es una metáfora que no entendí...

Sea como sea, no podemos nunca mirar un asunto de debate desde su carácter puramente científico, propio e intrínseco, sino que debemos tener la capacidad de imbricar cada asunto con el resto de los que construyen una sociedad mejor, los que ponen las hojas, flores y frutos a ese árbol sin hojas.

Y precisamente porqué tengo en alta estima las lenguas, considero que son un vehículo importante para la vertebración social de sociedades y territorios responsables, y es por ello que junto a muchísima otra gente intentamos introducir innovaciones cada día en ella para potenciar en ellas ese carácter teleológico.

Pero sin duda también entiendo que quien tiene un asunto en concreto como máxima profesional de su vida, pueda ver intrusismo por parte de quienes tenemos dedicaciones o voluntades transversales y, sin duda, entenemos mucho menos de cada asunto concreto, pero mucho más de como articular cada pieza en un puzzle global.

La conciliación no se ha producido en este caso, de todo se aprende. Un abrazo.

27 Mayo 2009 | 01:19 AM

MARIA CRISTINA GARAY ANDRADE

MARIA CRISTINA GARAY ANDRADE dijo

DE MI CONSIDERACION:

SOY MARÍA CRISTINA GARAY ANDRADE
ESCRITORA ENSAYISTA Y POETISA
AUTORA DEL
"DICCIONARIO DE LA DISCRIMINACION DE LA MUJER EN EL LENGUAJE"
Monte Grande – Buenos Aires – Argentina

ISBN 950-887-013-3 / LEY 11723

Editorial Argenta Sarlep S.A.

(1994)

ESTA ES LA DIRECCION DE MIS BLOGS DE POESIA Y EL DICCIONARIO, ADEMÁS DE MI GALERIA DE ARTE COMO DISEÑADORA POR SI GUSTAS VISITARLOS
CUALQUIER INQUIETUD O CONSULTA DIRIGIRSE A MIS CORREOS
CORDIALMENTE
MARIA CRISTINA GARAY ANDRADE

http://mariacristinadesdemissilencios.blogspot.com/

http://www.agregarte.com/salas/maria_cristina_garay_andrade_1.php...

http://mariacristinadiccionario.blogspot.com/

mgaray_andrade_420@yahoo.com.ar

desdemissilencios1@speedy.com.ar

7 Septiembre 2009 | 04:26 AM

tere marin

tere marin dijo

Saludos Mª Cristina y muchas gracias por los datos aportados...con mucho gusto te visitaré ....un abrazo afectuoso.........Tere Marin

7 Septiembre 2009 | 02:45 PM

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Audiodocumental del canal Odisea, donde se habla de las dificultades al aborto en condiciones sanitarias q pone la iglesia en determinados países. También se habla de la eliminación de métodos y enseñanza sobre la contracepción sexual por alcaldes católicos en ciudades pobres de 11 millones de personas. Y de las mentiras de obispos en ciertos países para evitar el uso de preservativos, creando un aumento del SIDA. Configurar Blogbox

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