Texto del libro "Africa llora" de A.Vázquez Figueroa.
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Las estadísticas aseguraban que a pesar de no ser más que uno de cada diez niños del mundo, a la hora de la verdad dos de cada tres niños que morían de hambre en ese mundo eran africanos y eso era algo que no debía olvidarse fácilmente.
El continente negro detentaba en aquellos momentos la tasa de población más joven del planeta, ya que casi la mitad de sus más de seiscientos millones de habitantes tenían menos de dieciséis años, pero de todos ellos casi cuarenta millones se encontraban malnutridos y al borde de la tumba, mientras que otros cincuenta millones padecían serios problemas de retraso en el crecimiento por falta de alimentos.
Frente a una Europa envejecida, en la que la infancia se estaba convirtiendo en un bien inasequible, Africa tendría que estar considerada como el auténtico futuro, pero paradójicamente el desarrollo de los acontecimientos demostraba que se había transformado en un lugar sin el más mínimo futuro.
En menos de dos siglos los colonizadores la habían esquilmado entrando a saco en sus incontables riquezas para dejarle a cambio sus infinitas miserias, y a partir de los años sesenta, en cuanto los gritos de protesta ante tamaña depredación comenzaron a teñirse de sangre, se limitaron a emprender una vergonzosa huida sin preocuparse por reparar en lo más mínimo el mal que habían causado.
Trataron a los africanos como a menores de edad, preocupándose ante todo por impedir su educación, y los abandonaron luego como a niños en un tétrico bosque del que ya se habían llevado todo cuanto podía servirles de alimento.
Unos seres que hasta muy poco tiempo atrás tan sólo utilizaban arcos y flechas que ellos mismos fabricaban, se veían ahora obligados a gastar — porque así se los habían enseñado los blancos— más del sesenta por ciento de todas sus riquezas en un sofisticado armamento llegado del exterior, y que tan sólo les servía para aniquilarse los unos a los otros por culpa de absurdas ideologías políticas también llegadas del exterior.
Cuando el doctor Livingstone se internó por primera vez en el río Congo, debió de tropezarse con infinidad de hombres libres, aunque probablemente no se topara con un solo fascista o comunista, mientras que en aquellos momentos la región rebosaba de comunistas y fascistas, pero cada día escaseaban más los auténticos hombres libres.
Cuando los primeros misioneros comenzaron a predicar el amor a Dios, a ningún nativo le preocupaba gran cosa que su dios fuera mejor o peor que el del vecino, pero a finales del siglo XX, raro era el día que un judío no disparara contra un musulmán, un musulmán contra un cristiano, o un cristiano contra un judío."







Hola guapa la verdad no se que comentarte, pues lo he leído y me da mucha pena. Que pases un buen fin de semana. Besitos.
Teresa ¿como estás?
Que vengas a comentar unas palabras te lo agradezco mucho y comprendo lo que sientes. Impotencia se siente y tristeza. Pero mira, cada quién pone su granito de arena como puede en este mundo....seguro que tú a tu alrededor haces lo que puedes, porque lo que queda tan lejos nos es imposible hacer más.Pero no cerrar los ojos ya es mucho.
Un abrazo querida Teresa.
Tere Marin