Publicidad:
La Coctelera

Categoría: Poesía

¡Brindemos!

Brindemos todo lo que podamos brindar.

Brindemos por brindar. Brindémonos.

Que todo el mundo brinde lo mejor que tenga para brindar.

Que cada uno brinde su aporte. Que el mundo brinde oportunidades;

que los economistas brinden soluciones;

que los comerciantes brinden mejores precios;

que la escuela brinde herramientas que sirvan;

que el fútbol brinde espectáculo;

que los políticos no brinden espectáculo.

Que los horóscopos brinden buenas noticias en amor;

que los pronósticos no brinden fantasía;

que los hospitales públicos brinden la mejor atención;

que las empresas privatizadas brinden mejores servicios.

Que los vecinos se brinden ayuda.

Que los padres brinden apoyo a los maestros!!! Que los maestros brinden apoyo a sus alumnos; que los alumnos se brinden ayuda entre ellos.

Que los automovilistas no brinden mucho si van a conducir.

Que la televisión brinde algo más y mejor.

Que se les brinde tierra a los sin tierra, techo a los sin techo, alimento a los subalimentados.

Que los sueños brinden realidad.

Que la realidad brinde algunos sueños.

Que los lectores sigan brindando su tiempo para la lectura.

Que los libros brinden libertad. Que los libreros brinden ofertas.

Que la Historia brinde lecciones. Que la Naturaleza nos brinde sus disculpas.

Que nadie tenga que pedir disculpas por brindarse a su propia naturaleza.

Que los gobernantes se brinden a los ciudadanos.

Que las personas se brinden confianza.

Que los que se brindan por entero al prójimo sean festejados.

Que a nadie le falte un festejante con quien brindar.

Que el pasado nos brinde experiencia; que la experiencia no nos brinde sólo canas.

Que el Primer Mundo brinde un buen trato al Último Mundo.

Que no se brinden acuerdos en desacuerdo con el mundo.

Que haya más brindados y menos blindados.

Que brindar por la Paz sea más que una frase hecha.

Que la política brinde la posibilidad de evitar las guerras.

Que ningún gobernante, por brindar de más, inicie una guerra.

Que los soldados brinden en sus casas con sus familias.

Que la familia brinde un lugar para ser feliz.

Que la vida nos brinde siempre otra oportunidad.

Que todo el mundo brinde. Que cada uno brinde su aporte. Brindemos. Brindemos todo lo que podamos brindar. Brindémonos. Antes del brindis, después del brindis, brindemos un tiempo mejor. Brindemos un futuro. Brindemos porque todas las noches pueden ser buenas, si cada uno brinda al mundo lo mejor que tiene para brindar. Nadie nos quita lo brindado.

Autoría: Mex Urtizberea

Alejandra Pizarnik la poesía,la depresión y la locura .

Desde sus comienzos en los años cincuenta hasta su suicidio en 1972, Alejandra Pizarnik, siempre buscó forjarse una voz propia. De modo que su producción literaria, influida al principio por el romanticismo alemán, el surrealismo y el simbolismo franceses, intentó hallar un discurso diferente a través de transgresiones léxicas y argumentales. En la prosa inédita y en alguna editada de forma póstuma se perciben elementos «ajenos» a la escritura femenina de los años sesenta y setenta. En dichos textos, se produce una ruptura de la narración y prevalece un carácter críptico por el uso de neologismos o juegos del lenguaje. En este tipo de comunicación elíptica, el remitente y el destinatario se funden en una sola persona y la presencia reiterativa de la obscenidad, lo grotesco, la ironía y el tono confesional entre otros, forman parte del proceso de reciclaje y libre circulación intra e intertextual. El estudio de su compleja escritura pasa por examinar las distintas dimensiones que en ella subyacen: el problema de la identidad, del cuerpo, de qué modo los escritos autobiográficos sirven de pasarela entre sus lecturas y su producción pública, de qué forma su escritura autobiográfica canaliza –de forma privada– aquello que no puede aflorar al exterior y, finalmente, cómo la locura deviene un factor progresivamente absorbente en su obra literaria.

Toda la información en el "pizarnikiano" blog de PATRICIA VENTI
OTRA MUY BUENA PÁGINA DONDE HAY CARTAS DE ALEJANDRA A SU TERAPEUTA LEÓN OSTROV.
Mediante la imagen llegas a un artículo magnífico sobre Alejandra Pizarnik.

Me gritaron ¡negra!

fuente imagen

Te vá a a emocionar....

Poema composición de Victoria Santa Cruz.. En este video Victoria relata parte de su historia de vida y su relación con la composición de dicho poema.

Extracto de la serie de documentales Retratos de TV Perú. Título del programa: Victoria Santa Cruz, negro es mi color
http://retratosdocumental.blogspot.com

YA NO

Fuente:Taringa

POEMAS y BIOGRAFÍA DE IDEA VILARIÑO

Poema Ya no de Idea Vilariño

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

Paul Eluard

GRACIAS Brigitte Araud por el envio.

Libertad(PAUL ELUARD)

En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.

En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.

En la selva y el desierto
en los nidos en las emboscadas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.

En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.

En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente lunas
escribo tu nombre.

En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.

En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.

En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y fatigante
escribo tu nombre.

En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física.
escribo tu nombre.

En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.

En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.

En mi perro glotón y tierno
en sus orejas levantadas
en su patita coja
escribo tu nombre.

En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.

En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas
en los labios displicentes
más allá del silencio
escribo tu nombre.

En mis refugios destruidos
en mis faros sin luz
en el muro de mi tedio
escribo tu nombre.

En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.

En la salud reencontrada
en el riesgo desaparecido
en la esperanza sin recuerdo
escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte
Libertad"

Te queremos Benedetti

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.(CLIC)

Eso pedía Mario Benedetti en uno de sus poemas, y lo logró. Este uruguayo universal estará para siempre en el recuerdo de la patria grande latinoamericana.

Una tierra sufrida y exiliada como él, pero llena de esperanza como todos los poemas de Mario Benedetti.

Poemas que inspiraron geniales películas como el Lado Oscuro del Corazón. Cantantes como Mercedes Sosa, Nacha Guevara, Daniel Viglietti o Joan Manuel Serrat pusieron música a sus letras.

Desde Radialistas queremos rendir un sencillo homenaje a este grande de la literatura mundial. Te entregamos un poema leído por el propio Mario, uno de los más universales y conocidos.

Te queremos Bendetti,
porque tus letras fueron caricia,
nuestros acordes cotidianos,
Te queremos Mario, porque tus manos
trabajaron por la justicia.

Te Quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

FUENTE: Radialistas.net

Gloria Fuertes en mi recuerdo de lectora impenitente.

Un mundo de paisajes poéticos entre desorden, recuerdos y páginas viejas y leídas, que pulula en un pequeño apartamento de la calle Alberto Alcocer. Y allí, alzándose en este mundo viejo y nuevo a la vez, una persona que se niega a ser poetisa y declara a gritos ser poeta: Gloria Fuertes.

E.: Usted, como ha dicho en alguna ocasión, empezó a escribir a los quince años, ¿qué fue lo primero que escribió?
G.F.: Lo primero que escribí fueron poemas, y el tema, claro, era el amor. Cuando descubrí que era posible querer a alguien que no es de tu familia, eso me produjo tal emoción que el ser poeta que ya tenía dormido, por aquel amor, me hizo escribir los primeros poemas. Así empecé, y luego, rápidamente, cuando acabó la Guerra Civil, comencé a ser escritora, aunque casi por casualidad, pues me dio por escribir cuentos para entretenerme del hambre o de la tristeza. Como estaba recién acabada la horrible guerra, escribía cuentos de risa, creaba personajes, y como no tenía empleo llevé unos cuentos a un tebeo llamado “Maravillas”. Llevaba el mismo miedo que podríais llevar vosotras, y me dijeron el típico “¡vuelva mañana!”. Volví y me dijeron que si quería ser redactora. No tenía ni idea de lo que era esa palabra. Entré allí y me daban un sueldecito. Así comencé a escribir.
E.: Es de suponer que las lecturas de diversos autores influyeron en su poesía, ¿quiénes fueron?
G.F.: Puedo decir que esta pregunta no es válida en mi caso. NO tuve ninguna influencia ni creo que la tenga, según los críticos y según yo. Cuando empecé a escribir mi primer libro, “Isla ignorada”, no tenía influencia de nadie. Había leído muy poco en comparación con lo que he leído después. ¿Quiénes eran estos escritores? Bécquer, Rubén Darío (el padre de la poesía moderna); pero yo no tenía influencias, yo escribía poesía porque tenía ese don, porque me era fácil, aunque no sé si es bueno o es malo.
E.: ¿Se considera, entonces, innovadora?
G.F.: Hace feo que lo diga, pero según un crítico se puede hablar de poesía antes de Gloria Fuertes y después de Gloria Fuertes. No me saben encasillar.

E.: ¿No se encasillaría usted en ningún grupo?

G.F.: No. Yo tengo un poema en no sé qué libro que dice así: “NO me catalogues…, no me catadiñes”. No es que no quiera, es no sé dónde me van a meter. Tengo el estilo de Gloria Fuertes.
E.: ¿Cómo definiría la poesía?
G.F.: Si lo digo en serio, diría que es un estilo literario, quizás el más delicado, el más fino, porque el escritor, en este caso el poeta, tiene que decir lo más con lo menos. La poesía es un género literario muy difícil, pues cualquier escritor puede escribir una novela, incluso una obra de teatro, pero si ese buen escritor no es poeta, como, por ejemplo, Camilo José Cela, no puede escribir poemas. Esto es un don, no hay ni que presumir ni nada, ni es difícil ni es fácil. Cuando tienes la sangre o los genes para poder escribir poemas, pues los escribes…, por eso yo no me pongo laureles.
E.: Una vez dijo usted en un poema que no le gusta que le llamen poetisa, ¿es cierto?
G.F.: Bueno, a mis años ya me da casi igual, pero es que llamarme poetisa parece cosas de risa y muy cursilindo. Una persona que hace versos y que escribe poesías es un poeta. Entonces el hombre debía de ser “poeto”. Si a mí me llaman poetisa, a todos los poetas vivos yo les llamo “poetisos”. En cambio, hay personas que no van a ningún lado con su poesía y les encanta llamarse poetisas. Pues bien, tienen libertad para llamarse así, igual que yo la tengo para que me llamen poeta.
E.: La guerra civil siempre ha supuesto una línea divisoria en la producción de cualquier poeta español contemporáneo: ¿en qué medida influyó en la suya?

G.F.: Aparecen algunos poemas, que suelen ser autobiográficos y, desde luego, contra la guerra. En efecto, influyó mucho en mí. Casi siempre digo que lo único bueno que me dio la guerra civil fue que me hizo pacifista y me dejo un poco de metralla en el muslo.

E.: Otro tema frecuente es la muerte, pero tratada de una forma natural, sin miedo…

G.F.: Sí, la trato de tú. La muerte no me asusta, lo único que me asusta es el dolor físico o el dolor psíquico.
E.: ¿La muerte de los demás le asusta más que la suya propia?
G.F.: Pudiera ser… Me entristece y me apena. Que se mueras un ser querido no te asusta, te da un dolor tan fuerte que puedes ir detrás de él. Lo que sí me asusta es abrir el periódico y ver que muchos hombres están matándose en vez de amándose los unos a los otros, que es un “slogan” muy bonito de hacer veinte siglos.
E.: A propósito de esto, hay que señalar las alusiones constantes a Dios. ¿es tratado como una esperanza?
G.F.: No es una esperanza, es un realidad para las personas que tenemos la gran suerte de tener fe. Yo lo siento. A lo mejor no lo comprendo del todo, pero lo siento y eso ya es mucho.

E.: ¿Usted nunca se ha planteado esa duda?

G.F.: No, en absoluto. Tengo un poema en el que digo que para mí Dios está claro, es un paisaje al atardecer entre rojos y azules.
E.: La denuncia social es muy clara también en sus poemas.
G.F.: Sí, naturalmente. Incluso cuando escribí esto en pleno franquismo fui muy valiente, pues para mí Dios estaba muy claro entre tanta duda. Os digo, sobre todo a la juventud, que sois mis preferidos, que Dios es un paisaje, sin niebla, entre rojos y azules en un atardecer. Ahí está el mensaje, introducido en el paisaje; esa es la maña del poeta al decir en una metáfora lo que no puedes decir directamente.
E.: Todos estos temas no son tratados con amargura, sino que están impregnados de cierto humor: ¿qué clase de humor es ése?

G.F.: Sí, es muy difícil, por eso estoy un poco contenta con ello; porque dentro de mi poesía, aunque sean temas muy serios, nunca falta humor.

E.: ¿Cómo es utilizado?
G.F.: Como atracción para que lean el poema, yo creo; para no poner más negro el cuadro… A lo mejor para no entristecerme yo y para no entristecer al lector con un tema muy serio o dramático.
E.: El amor siempre está presente en su poesía.
G.F.: El amor está en todo. Yo creo que en todos mis cientos o miles de poemas está, latiendo, el amor.
E.: ¿Nunca ha perdido la esperanza?
G.F.: No, no, la esperanza nunca se pierde. Todo el mundo espera algo. Hay que tener ilusión. Como dicen en los pueblos, es lo último que se pierde. Yo tengo fe y esperanza, lo que no quisiera tener es caridad. Cuando usamos la caridad es porque no hay justicia. Así, yo diría: “Fe, esperanza y justicia”.
E.: Referente a la literatura infantil, a los niños…
G.F.: Eso ya es más complicado, yo no trato a los niños como tontos, sino como muy inteligentes. Lo único que intento es que se lo pasen bien, que les gusten los libros.
E.: ¿Es más difícil escribir la poesía para adultos que para niños?

G.F.: No, cuando escribo para niños tengo que estar silenciosa, contenta, tranquila, sin ningún dolor físico, se me tienen que ocurrir cosas graciosas como el cisne que era “desgraciao”…

E.: ¿Qué piensa usted de la poesía actual? ¿No cree que la gente lee ahora menos poesía?
G.F.: Creo que es verdad. Al que le gusta la poesía, sobre todo si está estudiando COU o en la universidad, es una minoría. De todas maneras, aunque la juventud lee poca poesía, lee más que antes. Lo dicen los mismos editores, que son los que saben lo que se vende.
E.: ¿Cuál era la situación en la postguerra en cuanto a la literatura? ¿Había muchas mujeres que escribían?
G.F.: No, pero en el país de los ciegos el tuerto es el rey, y la tuerta era yo (tan sólo escribía en esos momentos Carmen Conde). Yo entonces recitaba mucho en reuniones, universidades, casas regionales, tabernas…, y así era muy conocida. Porque yo era un poeta muy medieval, iba por los pueblos diciendo mi poesía. La pregunta está bien: en la postguerra no tenía muchas rivales. Hace 34 años nos reuníamos un grupo de mujeres para leer nuestros poemas. Allí podía entrar la gente; poco a poco fueron llegando hombres: poetas, periodistas, etc. El resultado fue todo un éxito. De todas las que participábamos solamente Carmen Conde y Gloria Fuertes son conocidas. ¡Fíjate qué pena! ¡Cuántos son los llamados y qué pocos los escogidos! Pero hay que seguir luchando y escribiendo para llegar.
E.: ¿Qué odia en la poesía?
G.F.: Puede ser cuando no es poesía para nadie más que para el autor, cuando no se entiende, cuando no te emociona, cuando no ves claro, cuando es una palabra tras otra, bellas a lo mejor, pero que cuando entiendes algo, lo desentiendes en el reglón siguiente, no hay ilación. No me gusta la poesía cuando no es poesía.
E.: ¿Qué otras cosas le gusta hacer?

G.F.: Leer, pero de verdad; leer y hablar con la gente. Comprendo el rock duro, pero no me gustan las discotecas, me vuelven loca… ¿Esta entrevista es para la revista que hacéis en el instituto al mes?

E.: No, cuando cae…
Tras esta agradable conversación, dejamos a Gloria entre sus cuartillas, en un atardecer entre rojos y azules…

· Entrevista publicada en marzo de 1984 en la revista “Hojas”, publicación trimestral del Instituto Nacional de Bachillerato Santa Teresa de Jesús, de Madrid.


Autoras: Isabel Tejerizo y Laura Gómez Recas.


Y además en este DIA DEL LIBRO

La revista mexicana Destiempos ha sacado, de recién publicación, un monográfico dedicado a las mujeres en la literatura y a las escritoras. Puedes bajarlo AQUÍ

Azules


Fuente del texto

A Juanan, después de once intensos años, ahora que todo parece repetido y que necesariamente buscamos volverlo nuevo y sorprendente, me atrevo a investigar en tu mirada, valiente, decidida, para descubrir un amor más sereno, espero que también más firme y consolidado. Hemos alcanzado tus sueños, me dispongo a luchar por los míos, aún peleamos juntos y nos seguimos riendo de las mismas cosas. Adoro las tardes de cine contigo y me he portado como una heroina porque sé que no leerás esto y aún así, lo escribo para seguir confirmando que te quiero. No me gusta ser tan literal y abrir las estancias privadas de mi alma, no obstante, tampoco hay nada que ocultar, ni tengo miedo de que lo que protejo se escape o pierda su lustre si le da la luz del sol. Aquí quedan mis sentimientos, sencillos y macerados en lágrimas y risas, para tí.

.........................
En el siglo pasado, mi ceño fruncido siempre presagiaba tormenta. Mi corazón era una armadura gris de mármol envejecido. No sabía quién dictaba mis frases y estaba harta de parecer un guiñol sin tenderete. No pasaba un fin de semana en que Sofía no quemase las suelas bailando jueves, viernes, sábados y domingos; agotando las noches, despertando al sol con mis ojeras redimidas. Nunca me había sentido más sola. Había dejado de soñar, había dejado de sentir. “¡Tienes que ser más fuerte!” y lo que conseguí fue una carcasa aislante: lo de fuera no penetraba y yo no podía salir.

 

Una noche de esas en que mis zapatos lloraban, presagiando tal tortura que nunca recuperarían la prestancia con que saltaron de su caja, me crucé, en un bar de un pueblo lejano, con una sonrisa que se me enganchó en el pelo como se enmarañan las zarzas en las ramas de los árboles. Mis ojos se clavaron en ella, todo mi cuerpo hubo de girar para no retorcerse definitiva y mortalmente. Ese premio conquistó el suyo y le devolví sonrisa por sonrisa. Tal vez, él estuviera acostumbrado a regalar sus emociones pero ya conté que yo me veía anegada en arenas ‘inmovedizas’, por lo que tal ejercicio muscular, resquebrajó la máscara que me encubría.

 

Si pensáis que todo acabó ahí, estáis de enhorabuena (si os intriga lo que sucedería después), porque la equivocación os invade. Tengo dos ojos clavados en su boca generosa pero no suelo quedarme en un gesto sin más, siempre trato de buscar el alma, tan rápido como me sea posible y, esta vez, no iba a ser distinto: me colé a través de aquellos destellos azules sin comprender que, a la par, lograba lo mismo él en mis ya derrotadas defensas. Contado así parecen horas lo que se origina en décimas de segundo. A nuestro alrededor explotó el bullicio, la atención prestada y las risas de otros más conscientes de lo que nos había sucedido. El contacto físico de nuestros amigos, rompió el magnetismo y no nos quedó más remedio que seguir nuestro camino, aunque, bien retengo cómo algo abstracto e intenso recorría mi cuello, mi espalda y se detenía en mi trasero para desaparecer dejándome un calor sofocante pegado a las mejillas.

 

Llamaradas crepitando, sirenas estridentes y luminosas chispas, bailotearon descaradas desde los dedos de los pies hasta la punta de la nariz, obligándome a apoyar mi cuerpo contra una pared para no tropezar. ¡Qué agobio! ¿Por qué me empeñaba en creer que seguían todos pendientes del choque de trenes? Y, encima, tenía que fingir naturalidad, esforzando cada conexión neuronal para concentrar lo que quedaba de mi atropellado intelecto que pudiera, coherentemente, esbozar unos saludos corteses, interesados y cordiales a los presentes, que me ofrecían abrazos, besos y atenciones, como cada incipiente otoño en las fiestas de aquel lejano pueblo.

 

Supongo que tras las primeras cervezas y conversaciones tuve que salir del bar; supongo, porque no lo tengo archivado en los cajones de mi memoria. Cena, sobremesa, trayecto hasta el municipio vecino, paseo por las cuestas empedradas, continuando los saludos y paradas ante viejos conocidos; las risas, los petardos estallando por cualquier rincón y en cualquier momento, la banda a lo lejos ensayando compases de feria. Supongo que todo aquello estaba sucediendo como cada septiembre pero no puedo reconstruirlo. Me había dado un color apasionado en los labios que me quemaba por dentro. Me había delineado el contorno de los párpados para definir como un halcón la visión de mi presa. Sí, necesitaba volver a ver esos azules brillantes para sentir quién había derrumbado la piedra de mi muralla. Mi piel respiraba por vez primera en años y la brisa nocturna se transformaba en material de cohetes prendidos, al roce de mis mejillas ardientes.

 

Fugaces visiones encabritaban mis latidos, creía que me desmayaría si el suspense continuaba un minuto más. Las palabras se fusionaron con los pasodobles, las bromas con los ecos de los altavoces, los movimientos con mi búsqueda. No lo encontraba. La bebida fue amansándome, refrescando lo agostado, reverdeciendo energías y ánimos muertos. Me dejé llevar y disfruté ese instante en que te reconcilias contigo misma y decides darte otra oportunidad. Cervezas, cubatas, grupos de peñas de colores y apodos fácilmente identificables; recorridos por los bares, mulatas brasileñas contoneándose para deleite de lugareños embobados; ahora sí reconozco la vida. Y por fin, dejamos la noche abierta para que la discoteca y sus humos y sus sonidos electrónicos nos tragasen de una vez, sin remisión, decididos a quemar cualquier vestigio de angustia o pereza.

 

Ese duende de mares profundos se cruzó por mi lado, en mitad de la pista, y bailo para mí como nunca más lo haría. Entre risas imitó a los grandes del momento y no lo hizo nada mal, todas mis amigas se lo disputaban. A mí me daba igual porque enredando miradas fluyó una corriente aisladora, sin interferencias. Cada canción estrechaba más el cerco de nuestros territorios, el voltaje se disparaba con cada roce de nuestras manos. Imantados, nos fuimos amando...

 

“… Por un beso de la Flaca

Yo daría lo que fuera

Por un beso de ella

Aunque sólo uno fuera…”

 

Se pegó a mí peligrosamente, cruzó la burbuja de seguridad que aún me protegía rozando mis labios insatisfechos con un soplo de su delirio. Ya no giraba el mundo, la oscuridad nos envolvía y el silencio, al que sólo sensuales compases y nuestras respiraciones agitadas ponían banda sonora, selló a fuego lento aquella pasión. Cruel jugaba dejándome adivinarle y a la vez escabulléndose. Reconozco que me dejé llevar, levitaba, era un vapor embriagador, jirones y volutas de humo danzando en torno a la queimada.

 

Gotas de sudor resbalaban por mi espalda.

 

Cogió mi mano y entrelazó sus dedos a los míos, así me llevó fuera. Escondidos tras los soportales centenarios, ni la hiedra ni la piedra se hubieran abrazado tanto. Ese beso prometido entre bailes y miradas desgarró composturas y nos devoramos. Nunca tuve más presente un sentimiento, nunca nada me fue revelado con tanta claridad hasta aquel instante: había conocido el amor de los sueños de quinceañera, al príncipe que me rescataría de rutinas reales. Estaba allí, sorprendido de tanta emoción, aturdido y nervioso, igual que yo.

 

Ya no éramos unos niños para descubrirnos embelesados y esto produjo temor, confusión. Lo que se emancipaba como una gran fiesta de los sexos se estaba transformando en EL FLECHAZO, sí, de nuevo he de asegurarlo, tanto frenesí, tanto arrebato revelaba un sentimiento más profundo, desconocido, inesperado.

 

Se sucedieron las noches, se amontonaron los días, fugaces, urgentes y las separaciones rebosaron heridas, inolvidables esta vez, grabadas con el surco que las aguas dejan en las rocas. Lágrimas y soledad, recuperadas compañeras. Aunque cuando una conoce al Hombre de su Vida sabe que no lo dejará marchar y recorre cielo y tierra y destapa cortezas terrestres y arrebata a la hidra sus poderes y le cuenta cuentos al dragón de los sueños. De todo es capaz la mujer que ama como nunca lo hizo, por recuperar a su amoramantemigoamado.

 

Y la maldición que nos manchó por adorarnos tanto, se deshizo a fuerza de latidos acompasados, pudimos encontrarnos y besarnos y recorrernos y saciar nuestras hambres y aprendernos y caminar desnudos por nuestros rescoldos y recuperar los tiempos perdidos.

 

¡Cuántas veces le miro a los azules arroyos del alma y me devuelve aquella sonrisa! ¡Sus labios son de niño ahora! Seductor que no crece, mi piterpan de caramelo. Somos amigos, le cuento, me cuenta, realizamos futuros, soñamos despiertos. Alto, guapo, mi guerrero celta de espada sin filo, estatua fogosa, desnudo inocente.

 

Inventa idiomas nuevos para mí, cerebro ágil, dispuesto a provocar mi risa, a entonar una canción. Siempre una pregunta en sus labios ¿TÚ ME QUIERES? que espera siempre la respuesta correcta: MÁS QUE NI SÉ.

 

Es maravillosamente sencillo y tierno, tiene ese lado femenino que tanto asusta a los ibéricos de la península: mi chiquillo grande y dulce. Le descubro irresistible, aunque aparente una fragilidad engañosa que confunde y anima a protegerlo. Inteligente y simpático, hacedor de voces de dibujos animados y gran cantante, por difícil que sea escucharle una estrofita en serio. Tímido e inseguro por fuera, poderoso por dentro. Genuino, amigo de sus amigos, fiel a sus recuerdos, leal y consistente: amor, familia, amigos, cerveza, música y otro día más que le acerque a sus SUEÑOS LOGRADOS. Mi marido, mi colega, mi compañero de risas, de pantomimas, refranes, palabrejas inventadas, de cursiladas privadas, guerrero elfo. Tardé 27 años en encontrarle y no puedo dejar escapar ese destello de mares azules porque sería una idiota y luego me moriría...

 

Quiero alcanzar arco iris con él de la mano; quiero cabalgar carreteras sinuosas aferrada a su espalda; quiero plantar corazones de luces en la tierra que ama; quiero danzar sones indígenas reclamando sus ilusiones más escondidas. Quiero envejecer a su lado, dejarme cuidar y cuidarle, buscar en sus arrugas los recuerdos más antiguos, tocar su rostro y seguir viendo con el corazón lo que vi aquella noche de fuegos artificiales y charanga de pueblo: unos azules tan limpios como el suspiro de un arroyo que deshiela sus aguas en la cresta de la montaña nevada. Quiero dormir a su lado, pegada como cada noche, respirar su ternura, emocionada, como ahora lo estoy, pensando en él. Mi regalo diario, mi sorpresa encantada, mi cuento fantástico, mi realidad imposible, mi amor, mi Vida.

 

No alcanzo a devolver todo lo que me ofreces, y me parece que un

TE QUIERO MÁS QUE NI SÉ,

se queda chiquitito y te mereces más. Sin fisuras, sin escapes ni dudas, me robaste entera. Ya no soy mía, no me siento posesión, no me siento secuestrada, sino entregada, ofrecida, amante, AMIGA.