"Una ley irlandesa del año 697 prohíbe que las mujeres sean militares, lo que da entender que, antes de ese año, las mujeres fueron militares. Los pueblos que en los distintos momentos de la historia han tenido mujeres soldado son , entre otros los árabes, los bereberes, los kurdos, los rajputas, los chinos, los filipinos, los maoríes, los papúas, los aborígenes australianos y los micronesios, así como los indios americanos."
"Se estima que fueron seiscientas las mujeres que combatieron en la guerra civil norteamericana. Se alistaron disfrazadas de hombres- Ahí Hollywood, por lo que a ellas respecta, ha ignorado todo un episodio de historia cultural."
Stieg Larsson, "La reina en el palacio de las corrientes de aire", Millenium 3. BAJA EL LIBRO
En ambos bandos en confrontación durante la Guerra Civil Estadounidense, tanto en de la Unión como en el ejército Confederado se prohibió el reclutamiento de mujeres. Pero esto no impidió, que casi mil, participasen en numerosas batallas asumiendo identidades masculinas falsas.
La existencia de las mujeres soldado nunca fue un secreto. Mantuvieron correspondencia con el frente incluso después del cambió de identidad, y durante décadas después de la guerra, la prensa dedico numerosos artículos a la crónica de las historias de estas mujeres militares ocultas.
Albert D.J Cashier al nacer la pusieron el nombre de Jennie Irene Hodgers. Fue mujer soldado de "la Unión" en el Regimiento 95 de Infantería de Illinois, Compañía G.
Algunas de ellas lo hicieron por la aventura o por defender las ideas en las que creían. Pero muchas se alistaron por motivos aparentemente mas prosaicos, el dinero. El sueldo de un soldado varón era de aproximadamente de 13 $ mensuales, casi el doble de lo que una mujer podía ganar en cualquier profesión femenina de ese periodo de la historia.
La independencia que daba a una mujer ese salario, faltando casi medio siglo para que pudieran votar era impensable para la época. Era tan perfecto el rol masculino que asumían, que realizaban actividades solo pensadas para los hombres como fumar, beber alcohol, masticar tabaco, jurar en publico, apostar en los juegos de azar etc.
Loreta Janeta Velazquez sirvió como teniente y llego incluso a ser espía, agente doble al servicio de "la Confederación".
Una vez que se "vestían los pantalones" la libertad que tenían era inimaginable para una mujer en ese momento, podían incluso tener una cuenta corriente propia. En una sociedad de ideales victorianos, estas pioneras con su identidad oculta lograron derechos muchos años antes de la mayoría de las mujeres.
Pudieron entrar en el ejercito por que no se realizaban exámenes médicos exhaustivos. La mayoría eran descubiertas cuando eran heridas en combate, pero algunas mantuvieron su secreto hasta su muerte, años después del fin de la guerra. A pesar de que el Ejército de los EE.UU. no ha reconocido su existencia, es sorprendente que la historia de estas mujeres no sea muy conocida hoy en día. Sin embargo, su historia si era conocida durante el siglo XIX.
Frances Clalin se alisto junto a su marido bajo el seudónimo de Jack Williams.
La importancia de las mujeres combatientes de la Guerra Civil no fueron sus hazañas bélicas, sino su pelea contra lo establecido. Mientras que su participación no altero significativamente el curso de la guerra, las mujeres soldado merecen un especial recuerdo por su acción revolucionaria contra su papel en la sociedad. Sencillamente, la mujer en las filas, tanto de la Unión como en los Confederados, se negó a permanecer en el lugar impuesto aunque esto significaba recurrir a subterfugios para lograr su objetivo de ser soldados. Se enfrentaron no sólo a las armas del enemigo, sino también los prejuicios de su sociedad.
Mujeres soldado de la guerra civil norteamericana: (clikc en cada nombre)
Sarah Rosetta Wakeman
Sarah Emma Edmonds
Janeta Velazquez
Mary Edwards Walker
Sarah Taylor
Deborah Sampson
Mollie Bean
Laura J. Williams
Frances Clalin
Malinda Blalock
Albert Cashier
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VIA TARINGA por Gothika05
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"Se estima que fueron seiscientas las mujeres que combatieron en la guerra civil norteamericana. Se alistaron disfrazadas de hombres. Ahí Hollywood, por lo que a ellas respecta, ha ignorado todo un episodio de historia cultural. ¿Es acaso un argumento demasiado complicado desde un punto de vista ideológico? A los libros de historia siempre les ha resultado difícil hablar de las mujeres que no respetan la frontera que existe entre los sexos. Y en ningún otro momento esa frontera es tan nítida como cuando se trata de la guerra y del empleo de las armas.
No obstante, desde la Antigüedad hasta la época moderna, la historia ofrece una gran cantidad de casos de mujeres guerreras, esto es, amazonas. Los ejemplos más conocidos ocupan un lugar en los libros de historia porque esas mujeres aparecen como "reinas", es decir, representantes de la clase reinante. Y es que, por desagradable que pueda parecer, el orden sucesorio coloca de vez en cuando a una mujer en el trono. Como la guerra no se deja conmover por el sexo de nadie y tiene lugar aunque se dé la circunstancia de que un país esté gobernado por una mujer, a los libros de historia no les queda más remedio que hablar de toda una serie de reinas guerreras que, en consecuencia, se ven obligadas a aparecer como si fueran Churchill, Stalin o Roosevelt. Tanto Semíramis de Nínive, que fundó el Imperio asirio, como Boudica,que encabezó una de las más sangrientas revueltas británicas contra el Imperio romano, son buena muestra de ello. A esta ultima, dicho sea de paso, se le erigió una estatua junto al puente del Támesis, frente al Big Ben. Salúdala amablemente si un día pasas por allí por casualidad.
Sin embargo, los libros de historia se muestran por lo general, muy reservados con respecto a las mujeres guerreras que aparecen bajo la forma de soldados normales y corrientes, esas que se entrenaban en el manejo de las armas, formaban parte de los regimientos y participaban en igualdad de condiciones con los hombres en las batallas que se libraban contra los ejércitos enemigos. Pero lo cierto es que siempre han existido: apenas ha habido una sola guerra que no haya contado con participación femenina. "
"La reina en el Palacio de las Corrientes de Aire" -STIEG Larsson.
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Por Eduardo Galeano ( Memoria del Fuego Tomo III )
¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actriz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita el Presidente Perón es un cuchillo sin filo.
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IN MEMORIAM
La Comandanta Ramona, mujer tzotzil, tejedora de historias, soplido del caracol marino, viento que canta y va del centro del universo indígena a los costados del alma planetaria, de la resistencia a la organización, del silencio que habla a la palabra que calla.


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